Primera Plana

Columna de Rafael Álvarez Gil

La visita real a Ceuta

La visita real a Ceuta

El Gobierno central debería repensar, si es que a estas alturas tiene aún sentido, por qué ha sido tan efusivo el recibimiento a los reyes mientras todo lo que huela a La Moncloa es deplorado desde Ceuta a la menor ocasión. Desde luego, la pregunta se responde por sí misma. La epatante incuria ‘sanchista’ ha sido de tomo y lomo. Y eso facilita que el viaje de Felipe VI y la reina Letizia registre semejante éxito y, por tanto, quede como epocal a lomos de la Historia. Mientras la población se sintió (y con razón) más que desamparada y presa del chalaneo de Pedro Sánchez con Mohamed VI, al que está supeditado, asemejándose a un súbdito impostado que renuncia a la defensa de su patria, los reyes han puesto orden en la defensa de las dos plazas españolas en el norte de África. Ambos enclaves deberán ser militarizados, a la mayor brevedad posible, por el Ejecutivo próximo.

Por su parte, el PSOE no podrá seguir después de la cita con las urnas maniatado a los intereses de Marruecos. Es sorprendente cómo Rabat ha sido capaz de extender sus tentáculos dentro del aparato socialista. Una tendencia que viene de tiempo atrás, desde Felipe González, y que pronto desdeñó la expedición que el propio González hizo a los campamentos de refugiados saharauis en Tinduf (Argelia) para decirles que estaría con ellos hasta la victoria final. Entonces González era un joven sevillano electoralmente prometedor que ni siquiera había logrado el rango de líder de la oposición; para esto último habría que esperar a los primeros comicios generales en 1977.

Poco a poco, Felipe VI y la reina Letizia están agolpando aciertos institucionales que van desdibujando los errores de la etapa final de Juan Carlos I. Es decir, que los fallos actuales del Ejecutivo, que abandera torticeramente en lontananza la posibilidad republicana, es la que a su vez permite que la Casa Real gane enteros. Menuda paradoja. Pero lo cierto es que la aproximación a Ceuta y Melilla de los reyes, incluso el pasar la noche, es la cara amable con firmeza frente a la actitud ríspida de Mohamed VI que calcula que su invasión del pasado verano tendrá el revés de una victoria de Alberto Núñez Feijóo que no tardará en acercarse diplomáticamente a Estados Unidos.

Entre lo peor del legado ‘sanchista’ está la crisis de las instituciones. Mientras González y Alfonso Guerra se cuidaron mucho en no romper reglas ni el decoro debido cuando alcanzaron el poder en 1982, Sánchez hace y deshace a su antojo. Rehacer el PSOE se antoja inexcusable. Otra cosa es que aún estén a tiempo y no sea demasiado tarde. Qué honrosas eran aquellas chaquetas de pana ante el devenir de las saunas.