Maruja Torres pertenece al periodismo en democracia. Mujer de izquierdas y feminista, mas plural en sus enfoques. A buen seguro, se ha forjado así porque su vida se conformó en la precariedad en la niñez y en una Cataluña donde se destetó del rancio franquismo cuartelero y del nacionalismo de sotana. Luego, vinieron los tiempos de gloria, las noches de vino y rosas, cuando entró en el diario ‘El País’ y viajó como corresponsal por medio mundo. Su trayectoria es ínsita a la crisis más tarde del sector: fue testigo de los conflictos usuales entre empresa y Redacción que tanto gustan al gremio y que, al fin, son más sencillos de lo que parecen. El dinero manda. Hay que cerrar cada año con beneficios la cuenta de resultados. Y es legítimo. Y no me venga usted con monsergas sobre el romanticismo del titular inesperado y que hay que parar las rotativas.
La periodista acaba de publicar ‘Cuanta más gente me jode, más buenos momentos tengo’ (Temas de Hoy). Asoma la Torres de siempre, fiel a su estilo volcánico y dicharachero en el que no se anda con remilgos a estas alturas de la vida. La catalana gusta porque viene de vuelta. Esa es la fórmula en la que anida su aplauso por una parte importante de la opinión pública. Te podrá gustar o no lo que dice, pero se muestra tal como es y eso, en ciclos atribulados y de impostura frecuente, se saborea.
El libro se lee en un santiamén. Vivencias personales de una viajera contumaz que trata de robarle años a los designios de la vida. Se deleita en los pequeños momentos. Y no se rinde. Es una periodista de barricada, insobornable. Tanto que reserva una parte del texto a homenajear a otra gran periodista que alcanzó la dirección de ‘El País’: Soledad Gallego-Díaz, fallecida el pasado mes de mayo. Son tantos los recuerdos que se agolpan sobre Gallego-Díaz brindados por diversas personas que trabajaron con ella en la cabecera, que irrumpe enseguida sus esmeradas formas y educación para generar sinergias, regalar empatía a borbotones y, a la postre, ser líder y no jefa. Que son cosas muy distintas.
La esencia del periodismo es la libertad. Si escribes midiendo las palabras o sometiéndote a ti mismo a algún tipo de (auto)censura, se desencadena lo peor. Torres no se calla. Pensará más o menos lo que dice antes de soltarlo, pero es la periodista, feminista y catalana que, a sus más de 80 años, ha sido y es testigo de una España que evoluciona en décadas. Advierte que este nuevo libro, al alimón que su título concuerda con el anterior, puede ser el comienzo de una saga. Ojalá. Bienvenido sea su afán libertario.










