Primera Plana

Columna de Rafael Álvarez Gil

Primera encíclica

Primera encíclica

La primera encíclica del papa León XIV, titulada ‘Magnifica humanitas’, aborda el dilema de la persona ante la irrupción de la inteligencia artificial; tanto en la esfera laboral como en la sociedad. No cabe duda de que se alza desde el precedente de la encíclica ‘Rerum novarum’ (1891), del pontífice León XIII, que afronta el movimiento obrero y la dignidad en el trabajo al calor de la revolución industrial. Hoy la revolución digital merecía una lúcida reflexión desde Roma. Y León XIV, que prosigue en las inquietudes de la doctrina social de la iglesia, de hecho, la parte primera del texto rescata su importancia y vigencia, llama a un mundo más humano en el que, por mucho que haya avances tecnológicos, los grandes dilemas y desafíos de la vida a la luz de Dios siguen presentes y reclamando un compromiso personal y coral.

Las 250 páginas de ‘Magnifica humanitas’ son para leerlas pausadamente. Sobre todo, en verano (tiempo de asueto) puede servir para generar debate pues la palabra de Dios y el reino del dinero no van de la mano. Cuando se ensalza el dinero, se arrincona la virtud de la humildad que es justo la puerta que permite la presencia de Dios en nuestras vidas. La soberbia es todo lo contrario. Y el gran capital, la avaricia cotidiana, jalea la soberbia y enaltece el ego.

La sobriedad cristiana sí permite la grandeza del alma y la mejora, más temprano que tarde, de nuestras propias vidas y, por ende, derrochar gracia en la de los demás. No es tarea fácil y, para más inri, la inteligencia artificial tiene un lado provechoso mas otro donde galopa la instantaneidad y la fórmula del descarte, ya formulada por el papa Francisco.

Las piedras angulares que edifiquen los hospitales de campaña del papa Francisco deben saber qué hacer con la inteligencia artificial. Son múltiples los riesgos que sobrevuelan en torno a la democracia. Y son precisamente los pobres los que más necesitan de la democracia. Es más, la prosperidad generalizada vehiculada por un rango considerable de clases medias es el reto por preservar al compás de la revolución digital. La panoplia de principios (nada rígidos ni estáticos) de la doctrina social de la iglesia recibe esta encíclica de León XIV como una aportación en 2026 donde se anudan peligros internacionales (y globalizadores) con un Estado nación cuya meta debe ser mantener la concordia, la paz y repartir la riqueza; evitando las lacerantes desigualdades sociales que no tienen nada de evangélicas. La lectura de ‘Magnifica humanitas’ es munición espiritual.