Comisiones Obreras tomó las calles de Las Palmas de Gran Canaria el pasado jueves. Hace tiempo que el sindicato de clase ha emprendido una ronda estatal de asambleas abiertas, aquí fue en la plaza de Santa Ana el punto final a la manifestación previa, y que contó con la participación de las autoridades institucionales (Carolina Darias, Antonio Morales…), donde lució musculatura. La organización liderada por Unai Sordo es el sindicato más representativo en Canarias (más de 40.000 afiliados y más de 4.000 delegados sindicales) y ostenta la misma condición también en el Estado.
A Sordo le escoltó la dirección canaria (María Vanesa Frahija, María José Betancort, Carmen Marerro… entre otros integrantes) y concluyó con una intervención que repasó los conflictos que atenaza a la democracia y a la clase trabajadora. Quien más necesita cuidar la democracia es precisamente la clase obrera. Solo los más poderosos pueden prescindir de la democracia. Es un instrumento, por tanto, que iguala a los desiguales; o, al menos, los iguala todo lo que se puede.
En las islas hay bajos salarios, paro estructural, carestía de la vivienda y cesta de la compra elevada. Mas no son males endémicos e inevitables. Eso sí, defender posiciones colectivas precisa de organización. Así es: sin organización no hay avances, no concurren conquistas sociales. De ahí, que se entienda el intento permanente de deslegitimar a los sindicatos.
La irrupción de Vox y partidos de ultraderecha de todo pelaje en Europa, amenazan a los sindicatos, a la clase trabajadora y, no siendo menos, a la democracia. La cantidad de artículos constitucionales que dan cobijo a la acción sindical y al diálogo social. Preceptos que ya les gustaría tumbar a Vox.
El convenio colectivo no solo se ciñe a regular aspectos laborales concretos, que también y son importantes, pero igualmente es el resultado de una correlación de fuerzas. Y según la fuerza que acumules, podrás lograr derechos o no. Así de claro. Análisis concreto de la realidad concreta, como dirían los marxistas.
Es llamativo cómo los sindicatos mantienen un tirón social a diferencia de las siglas políticas, maltrechas en la última década por los populismos posGran Recesión de 2008. El conflicto laboral nunca desaparecerá y, por ende, la única forma y mejor de gestionarlo es el diálogo social. Anular al interlocutor, y sus intereses, es absurdo. Entre otras cosas, porque en el caso de Comisiones Obreras su financiación en más del 80% procede de las cuotas que abona su afiliación; más de un millón en España.










