Primera Plana

Columna de Rafael Álvarez Gil

Rebumbio andaluz

Rebumbio andaluz

La victoria del PP no es redonda. Juanma Moreno no alcanza revalidar la mayoría absoluta. Pero gana en un territorio sociológicamente de centroizquierda, o así lo era. El PSOE obtiene su peor resultado histórico en Andalucía: pasa de 30 a 28 escaños. Rompe el suelo. Y lo hace con María Jesús Montero, que fue mano derecha de Pedro Sánchez en el Gobierno central. Andalucía no deja contento, por tanto, a ninguno de los dos partidos centrales. Algo más al PP, mas no supone el desenlace ansiado por Moreno.

Si el PP necesita de la ultraderecha para gobernar en Andalucía, donde no concurren fuerzas nacionalistas al uso, más requerirá de Santiago Abascal en Madrid. Y eso es lo que en este momento debe preocupar a Alberto Núñez Feijóo. Por mucho que Sánchez baje en la próxima cita con las urnas, el PP quedará lejos de los 176 escaños de la mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados. Y esta es la advertencia andaluza que asomó anoche.

Moreno ostenta un perfil conciliador y empático. Exquisito en las formas. Sabe que el electorado andaluz no quiere revoluciones y que antaño votó socialista con pasión. Hizo la campaña electoral correctamente. Sin embargo, los números no han dado. Los populares han perdido actas. Moreno no ha podido darle la gran noche a Feijóo que lo acercase del todo a La Moncloa sin pagar el peaje de Vox.

El ganador emocional ha sido Adelante Andalucía. El izquierdismo andalucista ha cosechado votos del PSOE y al tiempo ha roto las expectativas del PP al moldear el reparto de escaños de otra manera desde la parte baja de la clasificación. Es normal: a mayor fragmentación parlamentaria, más complicado es obtener la mayoría absoluta. El milagro de 2022 de Moreno no se ha repetido.

Las dos formaciones dinásticas y sistémicas no recogen lo deseado. El gran perdedor es el PSOE. En cambio, el resultado andaluz deja a Moreno sin la tranquilidad institucional que tenía a la vez que aísla a Feijóo en sus aspiraciones en Madrid. Se cierra el ciclo electoral autonómico que comenzó en diciembre en Extremadura y podríamos decir que tampoco hay enormes vuelcos. Ferraz tiene un problema morrocotudo. No cabe duda. Aunque el PP también tiene inquietudes por despejar en cuanto que en los comicios generales no achicará a la ultraderecha. A estas alturas, solo resta esperar a las elecciones locales y autonómicas de dentro de un año. No se prevén más citas hasta entonces.