Primera Plana

Columna de Rafael Álvarez Gil

A elecciones

A elecciones

Solo se entiende el adelanto electoral, dada la fragilidad política de Pedro Sánchez, si sobreviene un horizonte judicial aún peor a sus intereses en 2027 y, por otro lado, si aspira a resistir dentro del PSOE tras haber absorbido todo el voto (o casi todo) de la izquierda. A Sumar (o como se llame) y a Unidas Podemos le puede ocurrir algo similar como al PCE en 1982; a saber, quedar relegado tras el PSOE, aunque aquel ganaba en las urnas (¡y de qué manera!) y el de hoy tiene un futuro tenebroso. Así las cosas, parece que el ‘sanchismo’ pretende armar un ‘frentepopulismo’ bajo una marca única (PSOE) que se prepare para combatir a un Ejecutivo de coalición de PP y Vox que tomará medidas ingratas y no lo tiene nada fácil. Está abierta la herida territorial y nos azota la crisis de las instituciones, carcomidas muchas de ellas tras estos años de incuria.

Ayer conocimos diversas encuestas que, eso sí, habrá que ajustar en las próximas semanas. La victoria de la derecha que se barrunta no será tan holgada como este lunes pronosticaron. La suma de PP y Vox se antoja difícil que siga enarbolando en torno a 200 escaños de aquí al 29 de noviembre; dependerá, y mucho, del nivel de abstención del centroizquierda, o voto en blanco como propugna Felipe González.

Por ahora queda, en cuanto a Sánchez, sentenciar y digerir los diversos casos de corrupción y la podredumbre moral y, con respecto a Alberto Núñez Feijóo, si podrá deshacerse de la presión de la ultraderecha. Vox aprieta en los sondeos y, difícilmente, le dará un respiro a los populares. Estas dos coordenadas no se verán claramente en la campaña electoral sino que, en cambio, será materia en la siguiente legislatura (entiéndase las consecuencias).

La última duda es cómo acabará la pugna entre lo que se conoce como Sumar y Unidas Podemos. Es decir, si van juntos o por separados. La lógica dice que vayan de la mano. Sin embargo, Irene Montero y sus correligionarios no se separaron de Yolanda Díaz para retomar en 2026 candidaturas comunes. Carecería de sentido todo lo acaecido. En esta orilla el debate se reduce a esto, y poco más. Al otro lado, el PP se las promete felices. Feijóo presiente que ha llegado su momento para dar el brinco a La Moncloa. Le preocupará la influencia de Vox. Quizá, estas disputas secundarias dentro de los bloques se ventilen nada más comenzar oficialmente la campaña electoral. Arranca la contienda.