A Pedro Sánchez no le ha valido de nada el adelanto electoral. No sale del estancamiento. De la posición encastillada de segunda fuerza fruto del hundimiento producido a su izquierda, que él absorbe tan panchamente. Las encuestas se agolpan y todas vienen a arrojar que el ‘sanchismo’ apenas supera los 100 escaños. Bien, si acaso, para enclaustrarse en Ferraz ante las tormentas venideras y mal, muy mal, para mantenerse en el poder. El lunes el diario ‘ABC’ publicaba el barómetro habitual que GAD3 elabora. Y va en la línea reseñada.
A saber, la radiografía es la siguiente: PP, 133; PSOE, 107; Vox, 65; Sumar, 10… Vamos, que las derechas superan con creces la mayoría del hemiciclo de las 176 actas. Ni la crisis de la vivienda y demás vainas permiten al ‘sanchismo’ estimular ánimos a los suyos. Razón: viene tocado de antes al alimón de los casos de corrupción, la podredumbre moral, el señalamiento a periodistas, las cortapisas a los jueces, las saunas, la complacencia con Marruecos, las joyas de José Luis Rodríguez Zapatero… La ensalada es mayúscula y no hay dios que la revire.
Si en 2023 fue Zapatero el que insufló la energía para remontar, hoy le tocaría un papel similar a Gabriel Rufián que, en cambio, anda desencaminado entre las cuitas y murrias de una izquierda alicaída y ensimismada en la peleíta de los silloncitos. Y con estos bueyes hay que arar.
En los siguientes días y semanas el aluvión de sondeos será morrocotudo. Y, mal que bien, irán vislumbrando por dónde irá la siguiente legislatura. A mayor calma en la campaña electoral, mejor para Alberto Núñez Feijóo. Es a Sánchez al que le urge zarandear y añadir presión a una agenda corta en el tiempo y que, todo indica, ya está hipotecada por la antesala del descrédito. Una campaña electoral, al final, no deja de ser una guerra a diseñar. Y a la guerra se puede ir con diferentes tácticas mas siempre con todo lo que se pueda. No hay soldado que sobre. Y el que pueda se alza el santo con la limosna. Se antojan unos comicios de alternancia y no de continuidad; de ahí que se espere un alto porcentaje de participación en las urnas. Quizá los debates en televisión aliñen algo de interés. A decir verdad, hoy por hoy el españolito medio va a lo suyo. Se huele de lejos en la calle el asqueo a la situación política. Lo que se traduce en un bebedero de patos donde Vox anda a sus anchas.










