La Feria del Libro de Telde se ha consolidado. Va a más. Se ha ganado su sitio en la isla. Y, lo más importante, se sostiene año a año, haciéndose su propio hueco y avanzando mientras en la capital sobresale, por último, la irregularidad de su cita. Es decir, si en Las Palmas de Gran Canaria no se sabe qué va a pasar curso a curso con el cónclave de escritores y lectores, en Telde (en cambio) gana peso la acción institucional acompañada de la participación ciudadana.
Esto no quiere decir que deba desbocarse la Feria del Libro de Telde con un crecimiento desmedido. Al contrario, más vale ir sosteniéndose a sí misma y adquiriendo mayor arraigo. Hacerlo con madurez. Pero el éxito es patente, y hay que felicitar a todo el equipo de Cultura que lo hace posible. Y al concejal, Juan Martel, que hace años que se lo ha tomado en serio; a diferencia de otros consistorios donde el área de Cultura es una maría.
Hoy cierra Telde su feria. Aún están a tiempo de darse un paseo y adquirir un par de novelas, ensayos o cómics parar pertrecharse para los próximos días. Los libros siempre son una inversión. Primero, para el que los lee. Lo que diferencia a las personas, y a los pueblos, es su capacidad de lectura. Una persona que lee con asiduidad, que tiene el hábito, en contraste con otra que no lo hace, atesora una mentalidad más amplia, maneja un vocabulario más enriquecido, sabe encajar mejor los golpes de la vida, tiene criterio y le permitirá desenvolverse ante todo tipo de vicisitudes. Leer para que otros no te engañen. Cuanto más leas, mejor te irá. Segundo, porque las librerías tienen que ser rentables. Una de las características de la Feria del Libro de Telde son las enormes facilidades que le ponen a las librerías para disponer de una carpa. Alfombra roja.
Así las cosas, y resaltando la participación de Arucas y Santa Lucía de Tirajana, como de Tenerife, tanto de librerías como de editoriales, para dar a conocer su muestrario, quizá el reto siguiente sería contar con un escritor de relumbrón (como esos delanteros brasileños en los conjuntos de fútbol) que se diera un salto a la ciudad de los faycanes. Pensemos, por ejemplo, en Arturo Pérez-Reverte o Fernando Aramburu. Con meses de antelación, se puede planear.
Recalco, no se trata de que la Feria del Libro de Telde se desborde. Sería un error. Tan solo proponerse año a año, ir mejorando aspectos concretos. Y si es preciso, que se implique del todo el Cabildo de Gran Canaria y el Gobierno autonómico en darle cobijo a una feria que se ha ganado a pulso su reconocimiento. Va por buen camino. Y, encima, con el acierto de celebrarla en la plaza de San Juan, el lugar idóneo.










