Hoy hace 70 años que naciste en esta casa ubicada en pleno centro de Telde. En 1956 pocos coches tendrían que ir y venir por estos lares. Y tu niñez transcurrió entre la plaza y calles de San Juan como de San Francisco. Pronto se mudarían a otro hogar justo al lado, ya en la calle León y Castillo, junto a la hoy casa museo. Aquel Telde y el de hoy distan y, sin embargo, permanecen inquebrantables los hilos que conforman el alma de un pueblo y entorno.
Dicen que el tiempo se va volando. Y que a medida que pasan los años, aún más. Que el vértigo del paso del calendario se acelera. Desconozco qué debe sentirse a los 70 años. Ojalá llegue a saberlo. Tiene que ser una visión más reposada, con otro ritmo de existencia. Por eso lo importante, al final, es sentirte reconocido en tu itinerario vital. Que no concurran incongruencias. Que vayas escalonando la suma de décadas reconociendo a la niña, adolescente y mujer madura que fuiste. Todos debemos ceñirnos a eso. Solo así permanecen los principios y los valores, el criterio.
Cuando las personas que queremos cumplen años, también lo hacemos nosotros. Sus celebraciones nos recuerdan las nuestras, las que prevemos que están por llegar. Nos empujan. El avance del tiempo es implacable. Los mayores van tirando de los jóvenes. Y solo nos queda luego la memoria.
La memoria de los detalles. La memoria de revivir alegrías y trances de antaño. La memoria de la resistencia que alberga la esperanza. La convicción de que tras los sinsabores, aguarda la rectitud de la humildad desnuda que conecta con la transcendencia.
La emoción de la madre que en 1956 te dio la vida, es hoy un sentimiento evaporado. Que solo tú custodias. Y que espero, en mi caso, rendir la evocación de antaño de alguna manera. Somos memoria porque estamos destinados a tornarnos en memoria. Vivimos mientras alguien nos recuerda. Recordar es volver a pasar el sentimiento por el corazón. Un cumpleaños es eso.
No sé dónde estaré con 70 años, que son los que este 27 de abril cumples. Deseo que sean 80, 90 y más. Que lo sean bien llevados, íntegramente y con salud. Día que fenece, día que no vuelve. Un desenlace que nadie puede sortear pero que, a la vez, es el que separa la conducta de los unos con los otros. Vivir la vida es dotarla de contenido y entereza. Superando reveses. Saboreando buenos momentos. Felicidades. Y gracias por todo.










