La sociedad recibe otro mazazo lancinante que diezma la moral patria. Tras la tragedia de Adamuz (Córdoba) con casi 50 muertos y que fue justo el pasado mes de enero, ahora se agolpa la lacerante desgracia de otros tantos fallecidos que a saber cómo se explica. Si en Adamuz pronto sobresaltó el mal estado de la vía, vendrán las investigaciones pertinentes en el accidente ayer en la provincia de Toledo. Así y todo, el infortunio está consumado y hay responsabilidades políticas que dirimir, al margen de otras posibles si concurren. Por tanto, no cabe un ministro de Transportes en un Gobierno que tiene endosado dos accidentes ferroviarios de semejante magnitud durante su gestión. No tiene un pase.
Por otro lado, no olvidemos que el titular de la cartera, Óscar Puente, es precisamente un político que un día y otro también se dedica a enjuiciar al resto desde su púlpito a lomos de las redes sociales. Cuando se es ministro y acaece un número de fallecidos de tal calibre, cuando menos es para sentir un mínimo de pudor que te haga guardar el decoro. Por el contrario, Puente reparte a diestro y siniestro jaleado por el sectarismo.
Este balance de 2026 desmonta su posición de presunto pedigrí ‘sanchista’ que, en realidad, le resta a ojos de la sociedad. Una cosa es convencer al ya convencido ‘per se’ (el electorado bufandero) y otra bien distinta al que no piensa como tú (que son la mayoría). Eso suele acontecer con los perfiles desaforados que, incluso, como es el caso, pierden las formas: no tienen expansión allá adonde no anida su respectiva legión de parroquianos. Dicho en plata, si el sucesor del ‘sanchismo’ fuese Puente, el PSOE seguiría en la letanía del desmerecimiento que lo aleja de su otrora posición como partido de Estado. Puente periclitaría al PSOE.
Fue el laborismo británico renovado por Tony Blair el que tuvo que lidiar con la privatización de los ferrocarriles de la era de Margaret Thatcher, que lo preparó y lo ejecutó su sucesor John Major. De aquel trance epocal, queda la película de Ken Loach ‘La cuadrilla’ (2001): aborda los conflictos en el trabajo, la conciencia de clase y la importancia del mimo a los servicios públicos que hacen país. Aventuro que Puente no la habrá visto. Ni reúne las lecturas precisas para actuar como un socialdemócrata clásico, asentado en la responsabilidad, para no espolear la guillotina tal como hace a diario y, no siendo menos, asumir que ambos accidentes no le son (ni por asomo) ajenos. Mientras tanto, Pedro Sánchez a lo suyo. Es lo que hay.










