Javier Milei ha venido, como es costumbre ya, a agitar a la sociedad española con sus insultos, bravuconadas y demás chicoleos invertidos de toda ralea. No tiene un pase que venga un mandatario extranjero a decirnos esto o lo otro de malas maneras y, encima, nimbar a Pedro Sánchez como “dictador”. No lo es. Y si eres un dirigente de otro país que eres invitado, por quién sea, al nuestro, no puedes vilipendiar a un presidente del Gobierno totalmente legítimo. Menuda incuria que es agravada en cuanto que Argentina está pasando por malos momentos. El economista que pretende dar lecciones se tropieza con la adversa realidad de su propia casa. Y luego va de ruta a dar consejos o a despotricar. No tiene un pase.
Por otro lado, toda carambola indebida deja sus consecuencias. Cada declaración de Milei le resta opciones a Alberto Núñez Feijóo. Obviamente, de lejos activa la movilización de la izquierda. Para empezar, porque sus improperios deben ser combatidos democráticamente. Máxime, cuando Milei ha lindado su discurso en España a Isabel Díaz Ayuso y a Vox. Dicho en plata, el presidente de Argentina es un adversario de la izquierda en su conjunto mas lo es igualmente de Feijóo. Su motosierra nada tiene que ver con el conservadurismo, con la democraciacristiana, con el orden de las clases medias.
Si el PP no es garante del Estado del Bienestar y abraza el neoliberalismo aliñado de populismo, tendrá los días contados la próxima legislatura, en caso de formar Gobierno. Es más, el propio Mariano Rajoy perdió la mayoría absoluta que cosechó en 2011, en plena crisis, en la siguiente cita con las urnas en 2015. De una tacada. Este es un precedente que Feijóo debe tener muy presente si desea mantener un discurso centrista. Y eso que, de todas formas, estará hipotecado a la ultraderecha. Vox no es buen compañero de viaje para el centroderecha de toda la vida. Hasta lo reconoce José María Aznar.
Milei y el desastre en el que está inmersa Argentina, no es antesala acreditada para propinar adiestramientos al resto. Pero Milei es santificado por Vox y por el ‘ayusismo’ que, a veces, parece que en el fondo aspira al derrocamiento de Feijóo. Así y todo, y al margen de su desatino ideológico revestido de formas populistas, el argentino no guarda el mínimo decoro y respeto a otra nación. No puedes venir a tildar de “dictador” a Sánchez. Es un irrespetuoso y un vampiro viperino que merece un severo reproche diplomático.










