Telde tiene pendiente qué hacer con sus ramblas. O, para ser exactos, darle utilidad (económica y social) a los quioscos implementados desde hace tiempo; seguramente, apuesto que desde la época predigital en la que los teléfonos móviles todavía no eran inteligentes, sin internet. En ese Telde cohabita igualmente el mamotreto. Un mamotreto que, a estas alturas, ya resulta igual de caro acabarlo que desmantelarlo. Un centro de cultura que quedó a medias y que ningún político sabe qué hacer. El mamotreto es un enigma. Mientras tanto, el aparcamiento duerme en el sueño de los justos. Aparcar en San Gregorio es una misión quijotesca. Pero volvamos a los quioscos de la espina dorsal que supone las ramblas en la ciudad de los faycanes.
Rescatar las ramblas implicaría darle vida a la zona. Tener la costumbre de ir a tomar algo a medio camino entre Arnao y San Gregorio. Al mediodía, se puebla de viandantes que salen de los institutos o de los trabajos. Pero no pasa de ahí.
Por otro lado, habría que estudiar la viabilidad económica. Sondear a los empresarios teldenses si están dispuestos a jugarse los euros en un negocio desconocido a la vista de la población. Esos quioscos de Arnao pueden ser un lugar idóneo para tomar algo no solo las tardes de todo el año sino las noches de verano. En el centro de Telde, en el centro de la rambla, sin necesidad de tener que ir al paseo de la playa de Melenara a consumir un café, refresco o bebidas espirituosas mientras compartes una conversación larga y tendida bajo la placidez de agosto.
Y ahí está la madre del cordero a cuenta de los quioscos de las ramblas de Arnao: su potencial (que puede ser mucho) dependerá del tirón social que logre, del ajetreo que propicie. Es decir, al margen del negocio ‘per se’, la idea final es que empuje a los negocios situados a ambos lados. Que sea, por tanto, tránsito de perras y posibles en la medida que lo es de personas. Urbanismo de andar por casa, no hay más.
Así y todo, es impensable debatir sobre los quioscos de las ramblas si acordarte del dichoso mamotreto. Un dislate que sobrevive y que nadie sabe cómo finiquitar: ¿se finaliza la obra o se desmonta? En el centro de Telde y a la vista desde la lejanía de regreso de Valsequillo. Ese mamotreto, más los quioscos mencionados de las ramblas y sin olvidar la necesidad de darle vidilla a San Juan (a Dios gracias por el par de cafeterías que dan sal a la calle León y Castillo), son los dilemas sobre el diseño, que recaen en 2026 aún, de Telde.










