Primera Plana

Columna de Rafael Álvarez Gil

De cura a concejal

De cura a concejal

Falleció José Luis Álamo. Hacía meses que su vida pendía de un hilo, y así estaba enclaustrado en Taliarte esperando el destino. Satauteño de alma, pues procedía de Agaete y vivía por la zona de El Fondillo y Tafira Baja; las tardes tenía la costumbre de darse un paseo por el casco del municipio de las medianías, del que fue concejal por NC. Álamo perteneció a esa hornada de sacerdotes influidos por la estela renovadora del Concilio Vaticano II que, tras un compromiso de cura obrero, de aquel blindaje de la sotana para combatir a su manera al régimen franquista, luego dejó los hábitos y se volcó en la vida civil.

En La Isleta dejó su impronta sacerdotal y fue vigilado por la policía dado su compromiso nacionalista. Recordemos que la Canarias de aquella época estaba espoleada por el ruido del MPAIAC y el afán de activar el acceso a la autonomía por la vía rápida del artículo 151 de la Constitución y no por la lenta del 143 del texto constitucional que fue finalmente impuesta por la UCD. Eso sí, un 143 acompasado por la inmediata otorgación de competencias con la denominada LOTRACA.

Álamo andaba, por último, preocupado con la deriva del nacionalismo en Gran Canaria. Fiel a NC no aceptaba el movimiento de ruptura de Primero Canarias. Y a tenor del interés por Santa Brígida, no confiaba en qué haría Ando Sataute. No podía esperar a que eligieran bando y, por tanto, se puso las pilas para tratar de recuperar organización de NC en las medianías. Y justo la noche anterior al acto que había preparado en La Atalaya con los mandamases de NC, en la cama le dio un ataque de salud que lo dejó fuera de juego. A buen seguro, cogió nervios innecesariamente. A fin de cuentas, las organizaciones van a lo suyo y usan la buena fe e ingenuidad de esos militantes de antes que aún se entregan idílicamente por unas ideas.

Obtuvo acta en 2011 y, mejorando los votos cosechados, en 2015. En Santa Brígida con poco más de 500 sufragios accedes al pleno. Era tan dado que, incluso, en más de una ocasión como edil puso dinero de su bolsillo para pagar alguna gestión a son de actos municipales que no quería endosar a las cuentas públicas. Ni lo decía en casa para que no le increparan. Que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha. Álamo era así: cándido, generoso y comprometido. Llegó a ser diputado autonómico en la década de los años noventa, cuando CC agrupaba todo el nacionalismo. Este soberanista batalló hasta que el cuerpo le dijo basta. Quizá, a su edad forzó la maquinaria demasiado. Y sin necesidad. Descanse en paz.