Primera Plana

Columna de Rafael Álvarez Gil

El ‘sanchismo’ contra los jueces

El ‘sanchismo’ contra los jueces

Pedro Sánchez no respeta la independencia judicial. Y no solo no la respeta, sino que ataca a los jueces, abonándose a la ola populista que trata de carcomer los cimientos de la democracia. El ‘sanchismo’ mina el Estado de Derecho al poner en tela de juicio, un día sí y otro también, al poder judicial. Evidentemente, hay jueces mejores y otros perores; como los propios políticos. Pero para eso existe la posibilidad de los recursos ante un órgano superior en la vía judicial y, en última instancia, acudir al Tribunal Constitucional en caso de observar una posible vulneración de un derecho fundamental. Sin embargo, Sánchez con su discurso populista está enfrentando a la sociedad contra los jueces. Y eso es muy peligroso. Y antidemocrático en la medida que la democracia reside en la separación de poderes, los contrapesos (‘checks and balances’) y ese Estado de Derecho que la fundamenta.

Sánchez no puede supeditar a la sociedad y la democracia española a sus necesidades y caprichos fruto de la condena a su hermano (la sentencia aún no es firme) y que su esposa esté camino del banquillo como acusada donde tendrá que rendir cuentas ante un jurado popular por dos delitos: tráfico de influencias y malversación de caudales públicos. Y no olvidemos la corrupción y podredumbre moral (José Luis Ábalos y compañía) que distingue al ‘sanchismo’.

La presidenta del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, María Isabel Perelló, en su intervención reciente con motivo de la apertura del curso judicial, ha sido clara, ha limitado la sobreactuación política y ha defendido la independencia judicial. Cuestiones elementales que deberían darse por hecho y, en cambio, Perelló tiene que citarlas y ponerlas en valor producto de la insensatez del ‘sanchismo’.

Sánchez evita que el PSOE sea un partido de Estado. Fomenta la polarización, lo que le viene de lujo a la ultraderecha. No entiende que la democracia pasa igualmente por la alternancia periódica y pacífica entre fuerzas políticas, a poder ser, de naturaleza centrípetas. Y todo ello obedece a su subterfugio sibilino en el que apuesta por estar (o creer que puede estar) indefinidamente en el poder.

Un político responsable es aquel que sopesa las consecuencias de sus palabras y acciones porque, en última instancia, es conocedor de que su etapa en el poder antes o después finalizará, y dejará entonces un legado. Así y todo, el ‘sanchismo’ se caracteriza por forzar las costuras del Estado de Derecho y degradar las instituciones. Todo lo contrario que, por lo general, representaba el PSOE. Una marca ya hueca que ha sido suplantada por el ‘sanchismo’ para mayor gloria de lo que le plazca a este remedo de emperador que abandona a Ceuta mientras España es atacada para largarse de vacaciones. Menuda incuria.