Primera Plana

Columna de Rafael Álvarez Gil

Ataque a ‘Cine de barrio’

Ataque a ‘Cine de barrio’

La configuración y cambios en la parrilla de televisión pueden contener alteraciones políticas soterradas. No son neutrales. La nueva temporada que comenzará a la vuelta de las vacaciones traerá consigo un claro achique y arrinconamiento de ‘Cine de barrio’. Pasará de La 1 a La 2 que es, a efectos televisivos, dejar de jugar sobre el césped del campo de fútbol para irte al córner a calentar y observar el partido como suplente. Hace un tiempo algunos sectores denigraron a este programa aludiendo a que había que advertir al público, como si el espectador no tuviera criterio, de que la España que reflejaba sus películas podían contener valores contrarios o vaya usted a saber.

Lo que ocurre es otra cosa: ‘Cine de barrio’ representa la Transición, todo lo que le rodea históricamente de un modo u otro. El éxito de la implementación de la democracia tras el trascurrir previo del tardofranquismo. Es el viaje de las otrora clases medias del desarrollismo económico a los dramas sociales de las zonas urbanas al calor de la UCD. ‘Cine de barrio’, por tanto, legitima la Transición porque brinda cada semana un formato familiar que explica el cambio sociológico de la España que se superó a sí misma al ensamblar las dos Españas que se habían enfrentado en la Guerra Civil. Con todas sus contradicciones, con sus luces y sus sombras, mas ofrece un relato intergeneracional tomando los años setenta como bisagra entre la dictadura y la apertura democrática.

Es un espacio que rinde culto al costumbrismo, al cine popular. Un lugar sagrado que los sábados por la tarde reunía a los diferentes integrantes de la familia. Y eso deja huella. No se puede entender la Transición sin Paco Martínez Soria, sin los títulos que diseccionaban las estrecheces en la unión de las familias numerosas, sin el ‘landismo’, sin la España interior y rural que es destartalada por las suecas en bikini en la playa… Una manera coral y agradable de recordar un tiempo histórico de España que es, a la vez, el que otorga validez y horizonte de expectativas a la Transición y, por ende, al sistema constitucional de 1978.

Pero hay políticos que se sienten incómodos con esto. ‘Cine de barrio’ es un producto de clases medias, de votantes del bipartidismo. ‘Cine de barrio’ era en las tardes de los sábados la antesala de ‘Informe semanal’. Sin embargo, los que políticamente quieren pasar página de todo esto (del 78), no les interesa que permanezca ‘Cine de barrio’ que, por otra parte, como clásico nacido en 1995 ha concitado grandes audiencias. El desplazamiento y ninguneo de ‘Cine de barrio’ en TVE no es casualidad ni un capricho técnico, es el resultado (peligroso) de querer finiquitar el cuadro sociológico de la España de la Transición. Un legado que en el sofá y ante el televisor pasaba de manera amable de abuelas a nietos. Una decisión endiablada que esconde más de lo que puede aparentar de simple modificación.