Hoy muchos se irán de vacaciones. Otros volverán. Y el resto seguirá a lo suyo, esperando diferentes turnos. Este viernes numerosos hogares cogerán los bártulos y se mandarán a mudar a un apartamento al sur de la isla, o los más atrevidos optarán por pillar el barco rumbo a Fuerteventura, bien para perderse en sus playas (los más) o bien para dar un paseo contemplativo por Betancuria (los menos, los isleños introspectivos). El 31 de julio es una fecha de cruce de caminos, de punto de inflexión. Unos vienen y otros se van, como reza la canción de Julio Iglesias ‘La vida sigue igual’, pero todos con el reino del sol a cuestas.
El calor mejor se soporta con candor, que viene a ser el buen temple para afrontar la adversidad. Conviene a esto acompañarlo de una limonada, sangría, helados y demás menesteres. Y detenerse. Y es que es la mejor manera de no malgastar energía y, por tanto, no pasarlo aún peor a son de estas temperaturas. Y solo si te detienes podrás recapacitar. Y la bisagra entre julio y agosto es un espléndido momento para sopesar aquello que vendrá luego.
Hasta en la serie de televisión ‘Verano azul’ (1981) subyacen esos dilemas vitales que solo el verano reaviva. En aquella España incipientemente ochentera, aletargada en el voto a la UCD, irrumpían los dilemas sociales del cambio. La liberación de prejuicios, el divorcio, los desengaños… por no olvidar la especulación urbanística que bien mereció entonces el canto del no nos moverán.
Los pelotazos de los tiburones urbanísticos de entonces siguen intactos. Y la corrupción campa a sus anchas para deterioro de la vida pública. En 1981 José Luis Rodríguez Zapatero conoció a Sonsoles Espinosa, al calor de la manifestación contra el 23F y a favor de la democracia. Dicen que él la pretendía al retortero porque se había fijado en ella en la Facultad; imagínense: tan jóvenes, con toda una vida por delante y con paseos por las tardes con la placidez que ofrece una ciudad de provincias como León. Zapatero tuvo que cortejarla con firmes propósitos, con esa cara y sonrisa suya de yerno ideal que toda suegra desea para su hija, mientras hoy los escándalos explotan a una familia que era idealizada por esa clase media que vota PSOE. Zapatero ya no representa lo que fue. Eso sí, ‘Verano azul’ sigue intacta cuando la reponen en la parrilla de televisión. Y te percatas, otra vez, que en las cosas sencillas está la felicidad de la vida y, sin embargo, otros se la complican.










