Primera Plana

Columna de Rafael Álvarez Gil

Es la inercia

Es la inercia

Socios y no socios observan la deriva del Gobierno. Unos rabian y exclaman de lo lindo sobre los escándalos que se agolpan. Entiéndase la oposición. Mas no hace nada, moción de censura posible, porque la da de antemano perdida. Y no les falta razón. Otros llaman la atención al Ejecutivo, con mayor o menor intensidad, a son de estas tropelías que avergüenzan a cualquier persona de bien. No obstante, no rompen. Sumar permanece en el Consejo de Ministros. Nadie se va. ¿Y para qué? Si muchos de ellos dentro de un año no tendrán escaño, Dirección General o lo que se tercie. Es la inercia lo que impera. Y, en puridad, esa inercia beneficia a todos.

A Alberto Núñez Feijóo y a los socios parlamentarios de Pedro Sánchez les conviene igualmente la dichosa inercia. Que todo siga igual, igual de mal y por un largo periodo, para ir ganando tiempo. Ese es el razonamiento pueril que invade a las dos bancadas del Parlamento, tanto a la izquierda como a la derecha. Al margen de eso, tan sencillo, por otra parte, no hay alternativa.

Y entonces nos tropezamos con una vida parlamentaria enquistada y petrificada en el bullicio referido. Y mientras tanto se van conociendo más barbaridades sobre José Luis Rodríguez Zapatero. ¿Quién era ZP? Al PP la moción de censura ahora se la trae al pairo. Presentarla para perderla, no sirve de nada con semejante clima político en España. A los socios de izquierdas y nacionalistas tampoco les conviene apretar mucho al PSOE.

Por tanto, la función debe seguir. Y cada uno a lo suyo. A la vuelta del verano la ciudadanía encontrará los titulares, cada vez más rocambolescos, sobre las trifulcas que se van dirimiendo. No esperen más, no esperan nada. ¿Pedro Sánchez se volverá a presentarse a las elecciones generales? Pues tiene toda la pinta que sí. Por consiguiente, 2027 será más jugoso que 2026. El horizonte concitará una enorme expectación a son de tanta degradación política donde ya nada se reconoce. A este paso, ni los nacionalismos periféricos tendrá afán por articular soflamas independentistas. El circo hispano es mejor, y permite vivir del mismo. Observar y denunciar. Y no hacer nada. Nadie hace nada. Parlamentarismo para la televisión. Poco más. Mañana es otro día. Y pasado será aún más impúdico. En suma, miren hacia otro lado. ¿Qué quedará de España? La rutina. La bendita rutina.