Primera Plana

Columna de Rafael Álvarez Gil

Matar la legislatura

Matar la legislatura

Se ha avivado el debate (propio del Derecho Constitucional) de si el pleno del Congreso de los Diputados puede debatir y votar una proposición no de ley (PNL) para instar al presidente del Gobierno a disolver la Cámara y convocar elecciones. Al margen de las disecciones teóricas-constitucionales al uso, interesantes, la realidad palmaria es que difícilmente puede sustraerse el debate del órgano en el que reside la soberanía nacional. Es decir, una PNL no tiene vinculación jurídica. Solo tiene efectos políticos. Es más, numerosas PNL quedan en meros brindis al sol que no ocupan ninguna atención más allá de la expectación del momento. Evidentemente, este intento de Junts y PP sí atesora todo el deseo político de saber qué pasaría.

De admitirse a trámite, la Mesa del Congreso de los Diputados por ahora se niega amén de la mayoría del PSOE y Sumar, y debatirse y albergar más votos positivos que negativos (tener la mayoría del hemiciclo) la legislatura quedaría muerta. No formalmente pero sí materialmente. Es indudable.

Pedro Sánchez teme perder la referida PNL. No obstante, el poder legislativo es el poder legislativo. Claro que la competencia para disolver las Cortes Generales y convocar a la ciudadanía a las urnas pertenece al jefe del Ejecutivo, pero también la política exterior es del Gobierno central y eso no es óbice para que la Cámara Baja rechazara el ‘volantazo’ de Sánchez con respecto al Sáhara Occidental y a favor de Marruecos. Son planos distintos. Y, cuando menos, que no se permita el debate y votación de una PNL genera debate. Es controvertido. No es pacífico. Eso sí, la mayoría de la Mesa del Congreso de los Diputados vota lo que vota e impide.

Así y todo, la legislatura no va a morir en verano. El calor ya se despliega con toda su fuerza en la meseta. La gente, diputados incluidos, huye de Madrid hasta septiembre. El que va a la capital es porque no le queda otra. Y julio y agosto, con playa y chiringuito a la vista, nadie se lo quiere perder; ni las derechas ni las izquierdas. Una vez acabe junio, lo poco que resta, hasta octubre no entrará con fuerza el nuevo curso político. El de la agonía, es verdad, mas otra nueva temporada por mucho que sus protagonistas sean los mismos. Entre ellos una Míriam Nogueras que gana enteros de rechazos en el resto de España amén no de su independentismo sino del ímpetu forzado y la sobreactuación por querer recordar a todos y en todo momento su querencia por el ‘procés’. Quizá, en el fondo, resalte su debilidad; aunque ella no lo sepa.