¿El juez instructor se ha pasado de frenada con las medidas cautelares? A buen seguro, son las habituales para un procedimiento usual; es decir, para un particular, para el vecino del quinto. Pero Begoña Gómez es quien es y si, pongamos por caso, le diese por fugarse, enseguida sería capturada como en los noventa el que fuera director general de la Guardia Civil Luis Roldán. El escándalo activaría sobre la marcha la orden de busca y captura. Juan Carlos Peinado se ha dejado ir por una mente del ‘procés’ como si temiera que la esposa del presidente del Gobierno huyera a modo de Carles Puigdemont: en el maletero y auspiciada, por acción o por omisión, por los escoltas. Así y todo, es lo de menos esta hoguera montada a son de las medias cautelares. Lo importante es lo que subyace, el meollo de la causa. El ventilar la posible responsabilidad jurídica por los delitos que le imputa.
Y aquí radica lo preocupante: si España amanece ya en la barra de la cafetería discutiendo (como procesalistas) si viene a cuento o no la retirada del pasaporte y la comparecencia quincenal en el juzgado, ¿qué pasará si se confirma que hay juicio? ¿Qué acontecerá si resulta absuelta o condenada?
Lo más grave de las presuntas corrupciones y falta de ética por los que ocupan la máxima responsabilidad, o le acompañan, es que no hay reemplazo. Al final, el ordenamiento jurídico responde a una estructura de poder con una pirámide de mando. Y España está inmersa en un periplo que, al margen del desenlace que tenga todo esto, combina ahora a esposa, hermano, exministro, exjefe del Gobierno y demás farándula al alimón de causas judiciales. Por no olvidar a la pareja de Isabel Díaz Auso que, a fin de cuentas, es la presidenta de una comunidad autónoma. Y la de Madrid, nada menos.
El refrito de escándalos a ambos lados, con presente balance en contra del PSOE, abre la puerta a Vox y a la denuncia del bipartidismo y el sistema del 78. Nada bueno augura eso. Y a todas estas, se une un juez instructor a las puertas de su jubilación con afán de remarcar su trayectoria. El pasaporte es lo de menos. Lo que debe hacer Gómez es preparar su defensa. Y, pase lo que pase, sea condenada o absuelta, asumir la sociedad que impera el Estado de Derecho. Si Peinado comete errores serán rectificados en los pertinentes recursos; sin obviar el expediente puesto en marcha por el Consejo General del Poder Judicial. Lo decisivo es el veredicto del jurado popular. Este será el que aclare a España qué ha hecho Gómez.










