Primera Plana

Columna de Rafael Álvarez Gil

Rapsodia de corrupción

Rapsodia de corrupción

El ‘sanchismo’ se lanza a una espiral autodestructiva y del PSOE cuyo desenlace aún se antoja (en parte) lejano. O lejano, data, en cuanto que los tiempos políticos son aún más acelerados que los de antaño para sumir de antemano que el final político (¿y judicial?) de Pedro Sánchez está pendiente mínimo de un curso más. Sánchez se encastilla en La Moncloa cercado por los casos de corrupción, unos confirmados otros en fase de instrucción o directamente pendiente de sentencia, como única (y falsa) escapatoria para librarse de la presión. Pero esa presión no menguará. Al contrario, crecerá y tornará en insufrible. La duda estriba en si, al menos, está dispuesto a salvar lo que quede del PSOE tras su periplo gubernamental que ya ha dejado la sentencia más ejemplarizante y dura contra un exministro: 24 años de cárcel para José Luis Ábalos.

El que fuera secretario de Organización del PSOE, escudero del ‘sanchismo’ de primera hora que se enfrentó a la estructura clásica de un partido que hasta entonces (mejor o peor) respondía a la espina dorsal heredada de Felipe González, ha sido condenado en firme por el Tribunal Supremo, junto al asesor Koldo García y el corruptor confeso Víctor de Aldama.

Aunque resulta que Aldama ha marcado el camino: la colaboración intensa y cualificada con la justicia tiene premio. Es una decisión, por discutible que sea para la opinión pública, más que razonable para el legislador penal. Se usa también en escándalos de narcotraficantes y similares; en toda esa estructura espantosa en la que alguien tiene que jugar el papel de chivato para que la verdad reluzca. Y Aldama ilumina ahora a Julio Martínez (‘Julito’) y a la fontanera Leire Díez.

Sánchez no dimitirá ni convocará elecciones. La mera idea de dar un paso a un lado para que otra persona del PSOE tome el mando en La Moncloa, la desdeña por completo. Razón: en última instancia pesa el horizonte judicial de su esposa y hermano. Y piensa que solo desde el poder puede arrostrar, con un mínimo de condiciones, semejante trance.

Ábalos y Koldo, ese tándem corrupto y de puterío, es un plato más del menú que está por llegar. En las últimas horas Aldama, que no es ningún héroe, ni mucho menos, ha declarado en entrevistas realizadas en horario de máxima audiencia en diversos programas de televisión, que tanto Sánchez como José Luis Rodríguez Zapatero van a acabar en prisión. Cuando alza afirmaciones de tal calibre, y lo repite, es que tiene más información de la que parece. Y la va a usar. Y, antes o después, todo se sabrá. Y en estos instantes, Sánchez ya tiene que saber demasiado como para hundir al PSOE con su figura.

Ábalos, el que expuso el rechazo a la corrupción de la era de Mariano Rajoy para justificar la moción de censura, es en el presente la puerta de entrada a la suma de desfachateces que minan al ‘sanchismo’. Hay para rato.