Primera Plana

Columna de Rafael Álvarez Gil

Alerta en Guía

Alerta en Guía

Cuando el Ayuntamiento de Guía está estudiando iniciar la activación de declaración de zona tensionada en el casco, es llamativo cómo de lejos ha llegado la problemática de la vivienda en Canarias. No es el centro capitalino, no es Maspalomas. Es un municipio tranquilo, demasiado tranquilo para algunos, que tampoco está al lado de Las Palmas de Gran Canaria para ir a trabajar y volver. Vamos, no es Arucas.

Así y todo, la sociedad civil guiense se inquieta ante la falta de oferta y la elevada demanda. Y, lógicamente, el alcalde se hace cargo de la situación. Que Alfredo Gonçalves tenga margen de maniobra amplio y real, está por ver. Pero el regidor tiene que moverse, dar respuesta a un problema que, a este paso, permítanme la licencia, tendrá su propio rostro en Artenara; enclave cumbrero donde pasar los veranos debe saber a gloria.

No es normal que el casco de Guía tenga una estrechez de posibles en vivienda. O no debería serlo. Sus fachadas son valoradas, pero es un lugar de un silencio tan significativo como distancia de la capital atesora. Sin embargo, no hay oferta. Y la preocupación aumenta, como ha publicado ‘La Provincia’.

Por otro lado, esta situación atañe a otras latitudes. Encontrar un piso en el casco de Santa Brígida (no una casa o finca en sus medianías) es misión imposible. Rara vez se observa un letrero de se vende o se alquila en los edificios del núcleo satauteño. No es de recibo.

Todo esto entronca con el debate sobre el crecimiento poblacional en el archipiélago. Aumenta la población a marchas forzadas. A lo que hay que sumarle el daño que hace el alquiler vacacional a la población isleña. No tiene un pase. ¿Tendrá esto solución a corto plazo, al margen de lo de Guía? No lo parece. Para más inri, se agravará. La cuestión de la vivienda irá a peor, dicho en plata. Y para muestra, recalco, el casco guiense. Cuando vayan el fin de semana de ruta por el norte y paseen por el centro de Guía, observen qué se ofrece en materia de vivienda. Y, cómo no, a qué precio; que esa es otra: los salarios no ayudan, ni para emanciparse ni para la movilidad de las familias. En la década de los ochenta, por ejemplo, esto no se daba; había alquiler para dar y tomar, y a cuantías razonables. Con o sin Guía, el retroceso social al respecto es notable.