Primera Plana

Columna de Rafael Álvarez Gil

Esencia de periodismo

Esencia de periodismo

Arturo Pérez-Reverte nos regala un libro inesperado (aunque suele publicar una novela al año) sobre sus andanzas en su época de reportero: ‘Enviado especial. Una biografía de guerra’ (Alfaguara). Acaba de salir a la venta y rescata sus crónicas de los años setenta, ochenta y noventa como corresponsal en medio de diversos conflictos. Y quien dice conflicto es, bajo el aura mítica de antaño, puro periodismo. Aunque no lo es como tal: descubrió lo peor de la condición humana. Sus miserias, sus bellaquerías, sus egoísmos… lo peor de lo peor cuando amenaza el peligro y la muerte. Mas también lo mejor cuando la delgada línea con el morir se siente tan liviana y cercana. Un legado que al escritor siempre le acompaña; en cualquier instante, en medio de los desvelos de la madrugada como cuando estará esperando en Madrid un taxi o en un acto cotidiano similar. Por eso dicen que el peso de la conciencia nunca duerme.

En las páginas del libro aparece el Sáhara Occidental, Líbano, la antigua Yugoslavia… E irrumpe el joven Pérez-Reverte con todas las ganas de comerse el mundo. Ese afán de la juventud por querer conquistarlo todo, a pesar de que concurran señales de prohibido. Su ciclo dorado como reportero coincide con el apogeo de la prensa tradicional. Y aunque hoy parezca otro mundo, hubo un día que las crónicas de los corresponsales eran esperadas en la Redacción como agua de mayo. Una firma cotizaba.

Pérez-Reverte es una de esas personas con las que debe ser una gozada compartir conversación en una larga sobremesa, sin prisas ni estorbos. Escucharle atentamente. Lo digo con la querencia de un lector mas igualmente con la seguridad del que reconoce con el nacido en Cartagena que atesora el olfato que estila el periodismo y la vida realmente vivida.

Cuando muchos se dejaban llevar por la comodidad del sofá, o del teléfono móvil en el presente, él ya estaba batiéndose el cobre en medio mundo. No digo que sea para cambiar unas vidas por otras, la sensatez es una virtud de la madurez, pero sí para reconocer su valía. Pérez-Reverte presume de tener biblioteca más que ideología. Y que molesta a las dos Españas. Lo bueno de ser leído es que no te pueden doblar los prejuicios de uno u otro bando, los embusteros que te rodean en la oficina, familia y diversos entornos. Qué importante es tener criterio. Para empezar, para que nadie te engañe.