Cuando corrían los mejores tiempos de Yolanda Díaz, ungida en el liderazgo amén de Pablo Iglesias, cuando este dejó la política estatal y prestó su último servicio presentándose a la Presidencia de la comunidad autónoma de Madrid, la gallega ya aventuraba que no quería ser la sucesora sin más de Iglesias en Unidas Podemos, que no le molaba aquello y que aspiraba a crear algo distinto, como un espacio (¿qué es un espacio?). Más o menos, vino a decir que ella no aspiraba a quedarse con una esquinita de la izquierda.
La dirigente que ha bebido de la cultura de Comisiones Obreras, que iba aprobar la reforma laboral costase lo que costase, ¡quién le mandó en ceñirse al respaldo de Ciudadanos!, y que fue salvada por la campana gracias al error del diputado del PP al votar, tenía otros horizontes. Sus intervenciones en los congresos de Comisiones Obreras levantaban un entusiasmo que, al tiempo, irritaba al ala socioliberal del PSOE; el de Nadia Calviño, Carlos Cuerpo y compañía, con mucho puesto de relumbrón y coche oficial, y poco carné del partido.
Hoy, el debate sobre la esquinita resurge. Sumar (¿qué es Sumar?, ¿por qué no hizo Díaz algo similar al PCE/IU?), queda atrapado entre el nuevo ‘volantazo’ de Pedro Sánchez y la revolución de Unidas Podemos. ¿Qué queda de la izquierda?
Díaz se va, entre otras cosas, para facilitar el acuerdo entre Sumar, IU y Unidas Podemos. Sin embargo, a esta hora (y salvo que haya cambio último) se postularán tres papeletas a la izquierda del PSOE en los comicios andaluces. Menudo rebumbio. Menudo disparate. Un electorado que busca respuestas y, por el contrario, se encuentra con las peleítas de los escaños y demás negociados. La izquierda en Andalucía es IU, mas sobrevendrán nuevos experimentos que traerían nuevos tropiezos y errores. Las distintas elecciones autonómicas del último tramo lo atestiguan.
A este paso, trifulcas mediantes, egoísmos reinantes, retornará la esquinita donde habitan las penas y la resignación. Es la esquinita que olvida la mayoría social, la vocación de mayoría. Es la esquinita donde el sectarismo domina a la moderación. Es la esquinita que engendrará más reproches y derrotas. Es la esquinita que también le viene bien a Sánchez en su huida hacia adelante y que pasa precisamente por un PSOE que lo ocupe todo y, en verdad, supondrá otro giro camaleónico en su itinerario por y para el poder. Inútiles esquinitas.










