Primera Plana

Columna de Rafael Álvarez Gil

Cita andaluza

Cita andaluza

Juanma Moreno apretó el calendario y convoca las urnas para el 17 de mayo. Se barajaba junio. Pero habrá influido la visita de León XIV a España y, por tanto, quiere distanciarla. Hace bien. No necesariamente debe influir, a la UCD de nada le valió el Mundial de España en el verano de 1982 para darse un batacazo en octubre de aquel curso; pero evita riesgos. Moreno se enfrentará a María Jesús Montero, titular de la cartera de Hacienda, ‘sanchista’ de tomo y lomo a pesar de su pasado en el aparato andaluz ‘susanista’, que tiene las encuestas en contra.

Ahora mismo, la duda estriba en si Moreno alcanzará o no la mayoría absoluta. Mas la victoria del PP, y holgada, se da por descontado. El mérito de Moreno es que ha mostrado talante, centrismo. Y el talante vende. Es el mismo talante que, en su día, le valió a José Luis Rodríguez Zapatero para ganar a las primeras de cambio: elecciones generales de 2004 (y atentados de Atocha del terrorismo islamista como respuesta a la participación de España en la guerra de Irak mediante; ‘castigo’ al ‘aznarismo’).

Vamos, que el talante y el centrismo son valores al alza. Sobre todo, ahora que impera la polarización y no hay mañana en la agenda política que no parezca que se vaya a terminar el mundo en las próximas horas.

Moreno quiere darle una alegría, la gran alegría, a Alberto Núñez Feijóo. Esto es, que los populares en tierras andaluzas no dependan de la ultraderecha. Agriarle la noche electoral a Santiago Abascal. Moreno tratará de cautivar al votante socialista moderado, emulando a Feijóo cuando confiesa que votó a Felipe González en 1982. En realidad, ¿quién no votaría a González en 1982?

Después de Andalucía, ya no quedarán más citas electorales pendientes; salvo sorpresa, pensemos en Cataluña. Lo normal sería quedar pendientes hasta mayo de 2027 de cara a los comicios locales y autonómicos. En cuanto a las especulaciones sobre un adelanto electoral de las generales, no parece que se hagan realidad. En este momento, Pedro Sánchez no tiene ningún estímulo para adelantarlas. Todo lo contrario.

A Sánchez le interesará resistir hasta el verano de 2027, y mientras tanto absorber todo el votante a su izquierda. Que el PSOE se sacude competidores. Eso sí, se quedará sin socios potenciales. El sudoku no tiene fácil solución. Sánchez se ha enredado. Sus giros camaleónicos desde que se hizo cargo del PSOE atestiguan, a la vez, sus necesidades políticas más próximas (mantener el liderazgo) y la crisis sistémica (léase el ‘procés’ y sus derivadas). Todo en uno.