El debate sobre el estado de la nacionalidad canaria sirve siempre para entender las islas, para diagnosticar Canarias. Eso hizo Fernando Clavijo. Luego vinieron las críticas habituales de la oposición. Pero Clavijo tiene ahora al mando justo su mandato más plácido; no por los retos ‘per se’ que atañen al archipiélago sino por las presiones políticas, menores a las de la legislatura 2015-2019. Clavijo lo sabe y encara este último tramo antes de que llegue el momento procesal oportuno de las elecciones: mayo de 2027. Un año mal contado.
Para empezar, aflora un tablero internacional cada vez más alocado. Y aunque los tambores de guerra están en Irán y Ucrania, la ubicación geopolítica del archipiélago está en el primer orden. Un clásico. Diagnosticar Canarias implica tenerla presente para no cometer errores, para que no te engañen desde Madrid y, a su vez, te entiendan en Bruselas.
Por lo demás, la vivienda, la calidad del empleo, la conectividad y, cómo no, la elevada desigualdad social, siguen siendo las problemáticas estructurales que conciernen a las islas. Clavijo las abordó. Y vino a cuento el relato de medidas adoptadas para, como dijo a su modo, hacer patria. Una patria isleña con tareas pendientes que ejecutar.
CC ocupa nuevamente el epicentro del sistema de partidos. La existencia de CC precisamente hace irrelevante a Vox ahora y en 2027, en la medida que CC más PP o PSOE ya (casi) es suficiente para gobernar. La concurrencia de CC impide que Vox determine el juego político, a diferencia de lo que acontece en la meseta. La centralidad de CC, excluye la influencia de la ultraderecha; eso sí, sin obviar el barullo que ha originado algunos pactos locales con la ultraderecha, por puntuales que pudiesen venderse desde CC.
Así las cosas, Clavijo huele que el PSOE no tiene suficientes socios para gobernar. La guerra en Gran Canaria, diezmando el espacio de NC para articular un satélite que le sirva a CC, a saber cómo se compaginará eso con la marca de CC en Gran Canaria, le otorga un horizonte apacible a Clavijo. Tendrá, a buen seguro, un tercer mandato. Con la única incógnita a despejar de si repite con Manuel Domínguez como vicepresidente o cambia de pareja para el siguiente baile. Dependerá de la batalla política en Madrid.
Por lo demás, Canarias seguirá siendo similar a la de ahora dentro de un par de cursos. Y habrá que diagnosticar Canarias. Los debates sobre el estado de la nacionalidad canaria tienen ya su grado institucional más que consagrado y, a la postre, de rutina.










