Desde hace un tiempo ha recobrado protagonismo Juan Carlos Rodríguez Ibarra. Bien por el varapalo en las urnas en Extremadura que recibió el ‘sanchismo’, bien porque siempre fue un personaje singular que (a poco que le brinden chance) retumba lo que dice en el resto del país. Referente del PSOE, jacobino y firme defensor de la igualdad en la financiación autonómica que despeje cualquier privilegio territorial (léase Cataluña), acaba de publicar libro: ‘Sacando pecho. Una manera de entender la política’ (Almuzara).
Está recién salido del horno. No son unas memorias al uso, aunque contenga retazos autobiográficos y cierta carga emocional. Más bien es su visión de la política, nacional y extremeña, a la que la aliña con su propia trayectoria y consideraciones. Es en el tramo final del texto donde concentra su opinión sobre la situación actual del PSOE y qué le aguarda en breve.
Resumiendo: o retorna a ocupar la hegemonía del centroizquierda (que sería su deseo) o se ensancha en la izquierda en su conjunto hasta el punto de tornarse en una especie de frente popular que subsuma todo lo que está a su izquierda. De ahí, que los temores hoy afloren en el Frente Amplio (PCE/IU) y en Unidas Podemos pues está por ver que obtenga resultados considerables en las elecciones generales del 29 de noviembre. Es probable que acaezca igual o similar a lo de 1982: a la enorme victoria de Felipe González (ahora el panorama de Pedro Sánchez no tiene nada que ver) le acompasó un PCE aún liderado por Santiago Carrillo que menguó hasta los 4 diputados.
De principio a fin en el libro subyace un tributo a la Transición y la Constitución de 1978. Aquel joven que gracias a coincidir con Alfonso Guerra durante los estudios universitarios se mete en el PSOE, que luego iría de número tres en la lista por Badajoz al Congreso de los Diputados en los comicios de 1977 (y, de sopetón, salió elegido) y el que proyecta Extremadura en su modernización al alimón del autogobierno (dejando atrás la realidad rural de desigualdades y analfabetismo; la que Miguel Delibes condensó en ‘Los santos inocentes’) solo puede emitir agradecimientos; al margen de los sinsabores que, también, la vida pública le ha causado.
En fin, Ibarra siempre fue respetado en el PSOE. Lo que decía sobrecogía en Ferraz en la medida que ha sido crítico. Nunca ha ejercido la lealtad perruna. Sus convicciones políticas (socialista patanegra) más su ubicación presidencial autonómica le posicionó en contra de los privilegios auspiciados por los nacionalismos periféricos. ‘Guerrista’ de primera hora y combativo contra los malandrines acunados por el dinero, ha sido capaz de aunar a González y Guerra en esta fase de la vida. Esto, y muchas otras cosas, lo narra en el libro. Se lee de un tirón.










