Esta semana Telde ha vivido un día grande al abrir las puertas de la Casa de los Sall, inmueble en San Francisco llamado a convocar a la cultura y participación y, por ende, darle vida a esta zona histórica que, junto a San Juan, personifican el corazón del municipio. Es muy fácil amar San Francisco, conjunto de la arquitectura popular canaria de indudable valor, pero es más difícil darle un empuje que le otorgue brío sin perpetrar desmesuras. La combinación de cultura, actos sociales y el referido enclave es todo un portaaviones de proyección para la ciudad de los faycanes.
Lo sencillo, hasta cierto punto, es haberle dado el pistoletazo de salida a la Casa de los Sall. Lo que requerirá más esfuerzo y dedicación es darle desde ahora agenda estable cultural al recinto. Y es aquí donde la concejalía comandada por Juan Martel tendrá que cumplir con las expectativas. El alcalde Juan Antonio Peña se apunta el tanto, mas está en manos de Martel (como edil de Cultura) que siga derrochando alegrías para Telde semejante edificio y finca.
Una programación cultural de nivel cuesta dinero. Pero sale más caro no tenerla. Me imagino que la concejalía de marras será la primera encargada en encauzar las actividades que nazcan de los propios teldenses hacia la Casa de los Sall que, con competitividad sana, está llamada a rivalizar, mes a mes, con la Casa-Museo León y Castillo.
Telde está de enhorabuena. Que lo ocurrido estos días, al alimón de las fiestas de San Francisco, no sea flor de un día. Que la vocación de permanencia de la Casa de los Sall se distinga y gane enteros. Y es aquí donde los responsables públicos deben poner toda la carne en el asador. A la menor desidia, a poco que asome un paréntesis demasiado largo, la tentación será que este inmueble duerma en el sueño de los justos; y vuelta a las andadas de la incuria. Por eso toca ir pensando un 2027 que brinde actos en San Francisco. El conjunto histórico precisa de este chutazo de moral que, lo suyo, sería que algún día case con la oportunidad de que la iglesia (a escasos metros) también tenga su ajetreo místico cotidiano. Entonces sí, San Francisco habrá ganado la larga batalla pendiente de recuperar su alma que siempre, y digo siempre, debe ser mimada y alejada de los excesos urbanísticos y zarpazos de la barbarie de toda laya.










