Las elecciones regionales en Sajonia-Anhalt arrojan una victoria muy holgada de la extrema derecha, prácticamente al borde de la mayoría absoluta. Hasta tal punto que se torna muy difícil en esta ocasión ejercer el ‘cordón sanitario’ contra AfD. Los grandes perdedores son las familias políticas tradicionales, de naturaleza centrípeta, que han protagonizado la política en Alemania después de 1945 y el fin de la Segunda Guerra Mundial. Los consensos pos1945, los ungidos a través del pacto entre capital y trabajo, decaen frente a los nuevos populismos de toda laya; en esta ocasión, la ultraderecha de AfD. Esto es, democratacristianos (CDU) y socialdemócratas (SPD) se tornan inanes en la región de Sajonia-Anhalt ante AfD y deja a los pies de los caballos al canciller federal Friedrich Merz (CDU) y su gran coalición con el centroizquierda.
Cuando la clase trabajadora vota a la ultraderecha, y le añadimos que estamos mentando a los territorios que conformaban la extinta RDA, es que los instrumentos clásicos para interpretar la realidad social están mutando a marchas forzadas. Y cuando estas cosas ocurren, por democráticas que sean, en Alemania, es para darle una pensada en el resto del Viejo Continente.
Vox se alegra del triunfo regional de AfD. En España el PP está aguantando mejor los embates de la ultraderecha, a diferencia de la CDU. A buen seguro, porque los germanos de centroderecha gobiernan y, en cambio, en Madrid Alberto Núñez Feijóo es el líder de la oposición. Mas las encuestas barruntan un aumento considerable de Vox que hipotecará, y mucho, a los populares.
De Alemania hay que extraer lecciones, no solo históricas sino de la actualidad. AfD está salpicando la agenda política y metiendo temas como la seguridad y la inmigración que ponen en jaque a otras fuerzas. Es más, parte de la izquierda está repensando su discurso frente a la inmigración. Todo va demasiado rápido. AfD ha podido subir como la espuma, como otras siglas de extrema derecha e izquierda, gracias a la instantaneidad y las redes sociales donde todo fluye y se confunde. Por eso AfD, como Vox, atacan con frecuencia a los medios de comunicación. Pronto veremos cómo queda la extrema derecha francesa y, en términos patrios, Vox. Pero el descenso de la CDU y el SPD es una señal de alarma para el PP y el PSOE. Si las siglas principales no son capaces de dirigir el país, se pierden los consensos sistémicos. Y eso es muy malo. Incluso, peligroso; sobre todo, visto el siglo XX español y europeo.










