Primera Plana

Columna de Rafael Álvarez Gil

Hasta cuando Marruecos quiera

Hasta cuando Marruecos quiera

Nadie va a disparar contra una masa humana. El escándalo internacional sería mayúsculo. Marruecos lo sabe. La integridad territorial de España no está asegurada. Ayer hubo otro intento de acercarse a Ceuta y, en cambio, esta vez la policía marroquí sí lo frenó. Es decir, lo detiene cuando quiere. Y el otro día histórico no quiso. Y habrá por delante más jornadas (igual o más históricas incluso) en las que no contendrán la avalancha; porque ese aluvión de personas (de menores) no se organiza ‘per se’ sino que ha sido espoleada desde dentro y contra España.

Es fácil: repetir la Marcha Verde de 1975, que tan grandes resultado otorgó a Hasán II. Entonces, moribundo Francisco Franco, y ansioso Juan Carlos I de consolidarse como monarca y que triunfase la democratización de la Transición, se sacrificó al Sáhara Occidental como un peón. El rey podía haber resistido mejor las presiones pero no lo hizo. Hoy, a diferencia de antaño, la vida es digital e instantánea. Y las redes sociales, convocando ese regimiento humano, hacen más contra Ceuta y Melilla que tres divisiones de infantería. No abrirán fuego y Mohamed VI lo intuye.

Esto es, desplegar el Ejército (y hacerlo de verdad) será la última bala de España para retener Ceuta y Melilla. La tranquilidad otrora de estas dos ciudades autónomas tendrán que dar paso a retornar a las fortificaciones de la guerra al norte de África a comienzos del siglo XX: un Ejército carcomido por las corruptelas donde los hijos de los trabajadores de la meseta, Barcelona y Andalucía eran enviados al matadero, mientras los de los pudientes se quedaban en casa. Era el pago de la redención en metálico que a los descendientes de los señoritos les libraba de ir a los estragos y muerte a bayoneta de la carnicería de Cuba, Filipinas y la zona actual de Marruecos.

Recalco: no van a disparar contra los jóvenes y menores marroquís que se aproximen a Ceuta y Melilla. En 2026 estas fronteras no están aseguradas. Y la población española en ambos sitios lo saben y lo padecen. Han perdido la estabilidad del olvido, del arrinconamiento geográfico con respecto a la península que hace que las noticias importantes ocurran en otro lado. Esta ya es una historia diferente en la que Mohamed VI decide el grado de presión en función del momento. Poco a poco aprovecha la debilidad del Gobierno central, el apuro político marcado por la corrupción y la podredumbre moral del ‘sanchismo’, para proyectar otra Marcha Verde digital, acuática y con voladores si hace falta. Una marea gigante contra los soldaditos, la sufrida infantería española, que no se atreverá a disparar. La Administración Trump salda la factura. Esta fiesta de desgarro patrio solo acaba de empezar.