Primera Plana

Columna de Rafael Álvarez Gil

¿Soledad no deseada?

¿Soledad no deseada?

Cada vez es más evidente la atomización provocada por el neoliberalismo. La crisis de la familia (de los modelos de familia), la crisis de lo colectivo, la crisis de los lazos de unión social… Es fruto de una sociedad marcada por el dictado del libre mercado, el interés inmediato y el frenesí del consumo. De la Europa que salió de la Segunda Guerra Mundial, con vocación colectiva (pensemos en el Estado del Bienestar, ungido entonces), poco queda hoy, amén del individualismo atroz y el darwinismo social. Esto genera múltiples consecuencias: la soledad no deseada es una de ellas.

Esta se manifiesta a lo largo de toda la vida, en la juventud o en la vejez. Aunque suele centrarse el tema en la última etapa de la vida; sin olvidar que en la adolescencia, por ejemplo, la soledad no deseada puede causar estragos. En 2026 hay consenso y conciencia coral de que la soledad no deseada es un problema, y que debe ser atendida desde los poderes públicos.

Ahora bien, y sin menguar importancia a lo anterior, la soledad no deseada es también producto de lo que hayamos hecho o no durante nuestras propias trayectorias. Si practicas la bondad, es más probable que generes sinergias y se te acerquen (sin más) otras personas a tu esfera con las que mantener vínculos saludables, amorosos y provechosos. De lo contrario, si perpetras el egoísmo o la maldad, aun en tus años mozos o siendo adulto, con el tiempo los demás te irán rehuyendo.

Es habitual la estampa de mayores abandonados a su suerte en las camas de los hospitales. Ahí están, solos. Y es normal que la primera impresión sea esa, y la reacción instantánea sea la solidaridad ante semejante desdicha. Qué menos. Mas conviene a la vez replantearse la situación: ese mayor puede que esté así porque no atendió sus responsabilidades debidamente en vida, porque engañó, porque fue a lo suyo, porque traicionó, porque superpuso su interés a las personas presuntamente que más tendría que haber querido… Todo esto no aparece en los telediarios porque lo natural y práctico es que emerja en primera instancia la empatía. Y así debe ser. Pero cada uno tiene en la vida lo que se busca. Y a medida que cumples años, vas acumulando decisiones vitales que suman o restan. Pero claro, no es lo mismo sumar o restar desde el egoísmo que desde el amor. Y no puedes reclamar en la vejez lo que no abonaste previamente con las personas más cercanas y con el prójimo. Quien a hierro mata, a hierro muere.