Iñaki Urdangarin lo tenía todo. Encima, era vasco y afincado en Cataluña. El perfil ideal y plurinacional, por tanto, para la Casa Real. Para más inri, era deportista. Y estaba enamorado; eso asegura en ‘Todo lo vivido. Triunfos, derrotas y aprendizajes’ (Grijalbo), que está recién llegado a las librerías. Vaya por delante que el libro se lee bien. Entre otras cosas, porque tiene el acierto de abarcar toda su vida hasta la fecha; y no centrarse solo en el charco judicial del caso Nóos en el que estuvo envuelto junto a su socio, Diego Torres. Urdangarin fue condenado y cumplió pena de prisión en la provincia de Ávila. Pasó una soledad que, señala, le causó angustia. No es introvertido.
En la cárcel lo tenía todo (es un decir) porque estaba solo. Era una prisión de mujeres donde le habilitaron un espacio propio. Él asevera que no fue un privilegio sino que, dado su carácter, al contrario supuso un doble castigo. Ahí queda el debate sobre el tapete. Mas de su estancia entre rejas, el que antes lo tenía todo, extrajo lecciones que ahora plasma negro sobre blanco.
Es otro Urdangarin: más sencillo, más cotidiano y sin ínfulas. Se ve que en Ávila, entre la soledad y el frío, mató al ego; al que lo tenía todo y le desperdició en vida. Pasó de las recepciones reales, amén de haber sido el yerno del rey Juan Carlos I, a tener que cubrir el tiempo con la imaginación en la celda. Urdangarin se muestra en el texto elegante con la infanta Cristina. La describe con cariño, reconociendo sus virtudes y con el respeto debido de ser la madre de sus hijos. Aunque deja patente que ese amor se esfumó.
Dicen que cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana. A saber cómo se atestigua eso en estas capas sociales tan elevadas y distinguidas… Pero hubo un momento que las penurias económicas entran y no pueden mantener el ritmo de vida que la pareja llevaba. Urdangarin ofrece episodios al respecto, a la vez que desde la Casa Real (y para enfado de la infanta Cristiana) le reclamaban que se divorciaran. Les enviaron un emisario a Estados Unidos para hacerles ver lo que estaba ocurriendo en España y dictaban los medios de comunicación un día sí y otro también a son del caso Nóos.
Urdangarin acudió a la cárcel. Y el matrimonio se rompió. Hoy el exjugador de balonmano, de la élite del FC Barcelona y la selección española, ha rehecho su vida en Vitoria. Ciudad tranquila donde puede sir paseando de un lado a otro y que es llana. Ha conocido a Ainhoa Armentia, de la que poco quiere expresar para protegerla. Por amor. Y por el derecho a comenzar una nueva andadura en la vida; con más madurez, con más aplomo.










