Hoy se cumplen 30 años de la primera victoria del PP en 1996. José María Aznar, 1996, es el arranque de dos mandatos tras haber desbancado al ‘felipismo’, instalado en La Moncloa desde 1982. La primera legislatura está marcada por los pactos con CiU, PNV y CC, por un lado, y por cuidar el diálogo social con los sindicatos de clase, por el otro. Aznar no tuvo mayoría absoluta, tendría que esperar hasta el 2000. Aún sobrevolaba el miedo a la derecha tras dos décadas de democracia mal contadas. Tuvo el PP que centrar su discurso en aras de no infundir miedo; especialmente entre los pensionistas, devotos de Felipe González y Alfonso Guerra.
Aznar se ciñe a 156 escaños (lejos de los 176 de la mayoría absoluta), un PSOE que le sigue con 141 actas (dulce derrota y amarga victoria, sentenció González la misma noche del recuento) y una IU en su punto álgido con Julio Anguita, 21 diputados. Por tanto, el PP tuvo que entenderse con los nacionalismos periféricos. Y los populares pasaron de los cánticos ante el balcón de Génova contra Jordi Pujol la noche electoral, a hablar catalán en la intimidad días después.
Hoy la situación política dista mucho de aquella. Más centrípeta, más moderada y más estable, se antoja 1996. Pronto le sucedería un ciclo de crecimiento económico galopante. Que hubiese vacas gordas facilitó los puentes entre Aznar y Comisiones Obreras y UGT. La huelga general fue en el segundo mandato, el mismo de la intervención en la guerra de Irak al alimón del frenesí imperialista que se le subió a la cabeza al líder de los populares.
Alberto Núñez Feijóo tiene lecciones que sacar de Aznar. Treinta años después, el tablero político es más endiablado. Pero el PP cuando se centra, tiene más que ganar. Esta empresa en 2026 no es fácil fruto de la presión de Vox. La ultraderecha quiere carcomerle el espacio a los populares. Y, encima, el ‘sanchismo’ juega irresponsablemente a insuflar a Vox en vez de hacerle a Santiago Abascal un cordón sanitario (expreso o tácito) junto al PP.
Aznar es firme frente al peligro del populismo de derechas. Advierte del enorme riesgo que supone para la monarquía parlamentaria y el sistema del 78 la extrema derecha. Aznar le está haciendo a Feijóo un servicio impagable en cuanto es el dique de contención (en su discurso) ante Vox. A saber qué deparan las urnas la próxima ocasión.










