La duda que asoma es si el PP, en caso de llegar a La Moncloa en 2027, retomará la posición histórica de España con respecto al Sáhara Occidental y que Pedro Sánchez rompió en marzo de 2022. Aquel ‘volantazo’ inesperado del ‘sanchismo’ fue conocido por la opinión pública gracias a Rabat, y no a Madrid. La misiva dirigida por Sánchez a Mohamed VI fue filtrada por este último. Y España se enteró del giro y concesión como lo hizo con la pérdida de Cuba mientras estaba el pueblo viendo los toros. O, si lo prefieren, en 1898 el Gobierno aprovechó que el vulgo asistía al toreo para soltar la noticia del finiquito del imperio.
El Congreso de los Diputados rechazó el cambio de Sánchez con relación al Sáhara Occidental. Su socio de Ejecutivo, Sumar, también; aunque ha seguido gobernando como si nada y hoy no se sabe qué es Sumar a la par que Yolanda Díaz busca destino internacional. Además, se diezmó la defensa de los intereses españoles en este negociado sin contar con el PP. Ha sido un antes y un después en la política exterior.
Así y todo, ¿hasta qué punto Alberto Núñez Feijóo retomará la posición anterior de España con el Sáhara Occidental conformada en el respeto al Derecho Internacional y el libre pronunciamiento del pueblo saharaui? La autonomía no se puede imponer en un proceso de descolonización aún no ejecutado. Y menos cuando hay presos políticos y se vulneran derechos fundamentales en El Aaiún. No cabe duda de la antesala que se encontraría el gallego de acceder a La Moncloa, más que nítida, ¿pero el compromiso de Feijóo llegará tan lejos (como razonable) para retornar a la pantalla anterior?
Rabat está muy cómodo con Sánchez. Información sobre el presidente del Gobierno deben tener, y de sobra, y delicada, como para ejercer semejante presión con Ceuta. El expansionismo de Marruecos no ha sido saciado con el Sáhara Occidental; aunque sigue pendiente de lo que haga la MINURSO (Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental), si es que hace algo. Ahora irá la corte real de Mohamed VI por Ceuta y Melilla, territorio a la espera de recobrar según su ministro de Justicia, mas a lo lejos aparece el trance de Canarias. Y aunque el archipiélago no fuese ambicionado, los riesgos son enormes con un Marruecos que se ha zampado el Sáhara Occidental y aspira a lo propio con las dos ciudades autónomas. Cuidado, mucho cuidado.










