Mientras la lancinante política patria atraviesa aceradamente al españolito medio, Europa sigue su curso y, como es habitual en términos históricos, tanto Francia como Alemania son la avanzadilla de los meandros a sortear que están por venir y nos afectan a todos. En septiembre en Alemania está previsto comicios en dos länder: Sajonia-Anhalt y Mecklemburgo-Pomerania Occidental. En ambos se barrunta un buen resultado a cosechar por parte de Alternativa para Alemania (Afd). Este avance presentido de la ultraderecha ha activado el sonajero constitucional y la alarma de los consensos sistémicos que, hoy por hoy, están personificados en una gran coalición entre la democraciacristiana y la socialdemocracia.
El canciller democratacristiano, Friedrich Merz, es un defensor de mantener el ‘cordón sanitario’ a Afd. A diferencia de España, donde el PP ha comulgado con pactos autonómicos con Vox, y no lo descartaba en 2023 a nivel estatal ni lo descarta en 2027, el centroderecha germano no está dispuesto a dar oxígeno a la extrema derecha. La experiencia del nazismo y la Segunda Guerra Mundial, la necesidad de ser liberados en 1945 por los aliados, son los mimbres imprescindibles para no comprar mercancía averiada ni artefactos populistas.
Sin embargo, tras la Gran Recesión de 2008 afloran los populismos de toda ralea y la ultraderecha alemana sube como la espuma. La última reedición de la gran coalición no ha sido tan holgada como en anteriores ocasiones. A saber, Afd no domina el sistema pero va camino de ponerlo en jaque.
La templanza de Merz, la convicción de no acodar con Afd, es un lucero (probablemente el último) que desde el centroderecha en el Viejo Continente abandera no dar chance a la ultraderecha. Cómo gestione Merz el otoño político al calor de las citas electorales referidas, permitirá vislumbrar hasta qué punto una de las grandes familias políticas (la democratacristiana) es capaz de mantener el tipo ante los neofascistas de distinto pelaje. Todo esto, y justo en Alemania, irradia repercusión al resto de socios europeos.
Alberto Núñez Feijóo se siente identificado con Merz y, por ende, sería importante seguir su estela desde el PP y arrinconar a Vox. Por ahora, los populares elogian a Merz y sus correligionarios (beben de ellos) mas las acciones van por otro camino. Feijóo quiere vender moderación, centrismo y recuperación del orden ante la deriva de la crisis española; azuzada aún más desde Marruecos que huele la debilidad de Pedro Sánchez. Por tanto, toca aguardar qué ganancia en las urnas obtiene Afd, la reacción de Merz y la emulación (o no) desde el sur europeo, entiéndase (sobre todo) por parte de Feijóo.










