Estos días hemos conocido el último estudio de Key Data para ‘Público’: PP, 140; PSOE, 106; Vox, 62; Sumar, 10; ERC, 8; EH Bildu, 6; PNV, 6… Pedro Sánchez no baja del umbral de los 100 escaños, aunque está en retroceso, porque está absorbiendo a Sumar. Es más, esta tendencia puede acelerarse enseguida en la medida que Yolanda Díaz ya busca destino internacional y este espacio se ha quedado sin liderazgo y desarticulado a efectos prácticos. Ese es el gran error actual de la izquierda a la izquierda del PSOE, lo que antaño se atestiguaba como (primero) PCE y (segundo) IU: no hay estructura anclada homogénea territorialmente y no se atisba líderes consolidados; a lo que habría que añadir la guerra con Unidas Podemos, que está ejerciendo de efecto divisor al estilo de los anarquistas dentro del bando republicano durante la Guerra Civil.
A su vez, la victoria del PP resulta insuficiente pues necesitaría entenderse con la ultraderecha (cosa que ha hecho ya en diversas comunidades autónomas) o esperar una abstención del PSOE que, ciertamente, se antoja imposible mientras permanezca el ‘sanchismo’. Y esto será así por la sencilla razón de que Sánchez no se despojará del poder (tampoco orgánico) mientras el cerco judicial le siga apretando en su entorno familiar.
La duda estriba si en otoño puede producirse o no variaciones demoscópicas significativas: bien para amortiguar este escenario que proyecta ‘Público’ (diario cuya línea editorial está situada en la izquierda) o, por el contrario, ahondar en estas tendencias apuntadas y que vayan a más en sus diferencias. En realidad, el sistema electoral también tiene sus topes y, a la postre, con un Vox tan alto resulta muy difícil que Alberto Núñez Feijóo siga creciendo. Las expectativas de la extrema derecha son, al tiempo, el freno al PP.
Cuando desde la extrema derecha se está catalogando al orden constitucional vigente como régimen del 78, enseguida el PSOE (la socialdemocracia al uso) y la herencia histórica del PCE, debería repensar si le merece la pena sostener la tirantez institucional y el frentismo político en cuanto que el riesgo de perder lo ya logrado concurre. Esto es, el PSOE no está en condiciones ni mucho menos de aspirar a una ruptura sistemática; si es que ese fuese el objetivo, que tampoco tendría que serlo. Así y todo, son interrogantes epocales que el centroizquierda tiene que cuestionarse necesariamente y sopesar si el camino que actualmente está recorriendo le lleva a algún sitio de relieve para las clases medias y trabajadoras.










