La historia electoral arroja luz para interpretar el futuro. Y eso le ocurre, como al resto de arquitecturas electorales, al subsistema canario. En las elecciones generales de 1977 la UCD arrasó. Por ejemplo, en la provincia de Las Palmas que entonces su magnitud (escaños a repartir) eran 6: 5 actas logró la UCD y el PSOE solo 1 (Jerónimo Saavedra). El PSOE en las islas solo empezó a ser lo que fue (el partido con mayor implementación territorial en el conjunto del archipiélago) a partir de la ola ‘felipista’ de 1982. Pero entonces, en esa década, aún tenía arraigo ese voto centrista o moderado que articularía el CDS. Dicho en plata, Adolfo Suárez (subrayo, con el CDS) tuvo en Canarias uno de sus pocos bastiones electorales y, de ahí, la Presidencia de Fernando Fernández (1987-1988) y Lorenzo Olarte (1989-1991).
El otro gran hito canario es 1993: moción de censura a Saavedra y gestación de CC (de la que participa ICAN). Y arrancan los largos mandatos de poder de CC que solo es interrumpido en 2019 con Ángel Víctor Torres, con Pedro Sánchez en La Moncloa mediante y (sobre todo) irrupción previa del multipartidismo (Unidas Podemos y Ciudadanos) que desbancan a CC del epicentro del sistema de partidos en Canarias. Decaído ese multipartidismo, y crisis sistémica en ciernes del PSOE, la mar vuelve a bajar y asoman los elementos estructurales de siempre en esta tierra. El acordeón se ha cerrado.
Por eso a Fernando Clavijo, como a Paulino Rivero en 2007 y 2011, le es indiferente (es un decir) no ser el más votado. La misma noche electoral se saca la calculadora y CC podrá llegar a los 36 diputados necesarios para seguir gobernando holgadamente. Si con el PP no le llega, pues rasca de la formación de Casimiro Curbelo o de los herreños. Y aquí paz y después gloria.
El PP en Canarias no alcanza la expansión de CC y PSOE y, por ende, está relativamente a rebufo de los otros. Para entendernos, y fruto asimismo de la existencia de CC, como antes de la UCD y el CDS, el PP en el archipiélago no es lo que sí representa en Castilla y León, La Rioja, Murcia u otras comunidades autónomas.
CC ostenta esa posición central en el subsistema electoral canario y, por tanto, Vox nunca será determinante. Subirá y descenderá. Un suflé. Pues CC, PSOE y PP se meriendan el pastel a su gusto; bueno, a decir verdad, a capricho de CC que deja a los otros dos supeditados.
Para entender las expectativas que maneja CC es preciso concebir previamente qué rol desempeñó la UCD y el CDS en las islas. Es más, y ponerlo en comparación con el resto del país. Ese ‘suarismo’ isleño que, en verdad, iba parejo en cierta medida a la desventaja y desigualdad del pueblo canario, y la desbandada paralela de España en el Sáhara Occidental, sigue aún ofreciendo claves para descifrar la actualidad. Aquel clima social, ciertamente subdesarrollado, impregnó al cuerpo electoral.
Luego, en los años noventa, las élites políticas y el empresariado (ya con las vacas gordas en la economía) supieron, bajo la percha de CC, amarrar el sistema electoral con la reforma estatutaria que aumentó las barreras. Y el Tribunal Constitucional se lavó las manos con el recurso de inconstitucionalidad que interpuso el Defensor del Pueblo. Y así, hasta la fecha. No hay más.










