Tiene algo de misterio saber cómo emergen los liderazgos dentro de los partidos. El propio José Luis Rodríguez Zapatero era un diputado de provincias prácticamente desconocido hasta que decidió disputarle el liderazgo del PSOE a José Bono en el 2000. Ganó por los pelos y pasó página al ‘felipismo’ cuando ya tuvo acceso al BOE a partir de 2004. Luego hay liderazgos que retornan, como es el caso de Felipe González, que hasta ahora ha sido enviado al ostracismo por el ‘sanchismo’ y, en cambio, goza de ‘auctoritas’ indispensable en medio de esta crisis.
Buscar un cabeza de cartel de la noche a la mañana se antoja misión imposible. Así las cosas, por todo lo que está en este momento sobre el tapete, Pedro Sánchez no tiene ningún aliciente ni para adelantar las elecciones generales ni para pasar el testigo a otra persona. Y esto para las organizaciones políticas es malo, cuando están presas de circunstancias concretas del líder de turno; por mucho que reine un aroma de últimos coletazos.
Hay que esperar a la comparecencia de Zapatero en sede judicial el 2 de junio. Mas difícilmente en ese instante se revertirá el escándalo de esta semana. Este trance judicial va para largo. Sin embargo, después de una jornada viene otra, la agenda política persiste y las siglas deben seguir encarando la actualidad. Mejor o peor, el PSOE tiene que sobreponerse y arrostrar la adversidad y hechos consumados. Eso sí, ¿hay críticas internas que, realmente, tengan recorrido?
Irrumpe una sensación de desamparo en la izquierda. La vía Rufián acelera su presencia sin que aún se haya determinado nada sobre su alcance organizativo. Demasiadas decisiones tendrán que adoptar numerosos actores en poco tiempo. A la vuelta del verano, a finales de este curso y a inicios de 2027, el escenario político seguirá siendo igual de feroz. Sánchez debería preparar a su partido para la siguiente etapa en la que, tarde o temprano, tendrá que competir tanto con el PP como con una izquierda que teóricamente Gabriel Rufián podrá armar de la mano de Sumar, IU y Unidas Podemos. En realidad, es angosto el camino del ‘sanchismo’. Sin Zapatero, Sánchez no se sostiene. Máxime, cuando rompió con el ‘felipismo’ y con Alfonso Guerra; tenga este tándem mayor o menor predicamento entre las generaciones más jóvenes. La izquierda permanece en estado de terremoto emocional fruto de la investigación a Zapatero. Digerir esto no es nada fácil.










