Primera Plana

Columna de Rafael Álvarez Gil

Un ministro del Interior

Un ministro del Interior

Jaime Mayor Oreja es un conservador. No es un liberal. Dentro de la derecha hay matices. Ya no está en el PP, dejó la militancia hace un tiempo. Pero en su día sonó en las quinielas para suceder a José María Aznar, junto a Rodrigo Rato y Mariano Rajoy. Al final, el gallego se llevó el gato al agua. Eran los años en los que Aznar presumía de tener una libreta azul para designar a su sucesor, pues se había comprometido (y cumplió con su palabra) a no estar más de dos mandatos en La Moncloa.

Mayor Oreja fue el ministro del Interior (1996-2001) de Aznar. Ahora  acaba de publicar un libro en el que narra sus andanzas políticas: ‘Una verdad incómoda. Testimonio de una época: contra el silencio y la mentira’ (Espasa). Lo mejor del texto es su primera parte: los conocidos como ‘años de plomo’ en los que ETA mataba una semana sí y otra también. Describe al detalle sus vivencias en el País Vasco, el coraje de distintas personas que le acompañaron en su itinerario partidista. Una Euskadi donde la UCD y AP (precedente del PP) no podían hacer campaña electoral con normalidad. Casi ni mítines. Resalta, por ejemplo, cómo un grupo de afiliados de la UCD se tuvieron que reunir en la cámara frigorífica de una carnicería de un pueblo de Euskadi para simplemente hablar de política.

Mayor Oreja procede de la UCD. Ya en el PP se le ha identificado siempre con el ala derecha. De hecho, hoy es de los que más reclaman que PP y Vox se entiendan y pacten. Mas viene de la UCD, y eso precisamente (según atestigua el exministro) jugó en su contra para suceder a Aznar. Eso y haber perdido las elecciones en 2001 contra Juan José Ibarretxe. Fueron aquellos comicios en los que PP y PSE-EE (Nicolás Redondo) fueron de la mano contra el PNV-EA. Ganó el PNV e Ibarretxe siguió gobernando.

Mayor Oreja es una persona de profundas convicciones y congruente con la las ideas que profesa. Tanto que, incluso, le ha impedido tener cintura, algo que en política es esencial. Nada tiene ver con el chalaneo actual donde todo vale. Es de los que piensan que España está desnortada y Europa ha perdido su espíritu cristiano y los cimientos civilizatorios que la caracterizan. El libro contiene igualmente su paso por la política estatal, aunque al lector le atrapará más su etapa vasca; no ahorra pormenores para explicar la barbarie vivida.