Primera Plana

Columna de Rafael Álvarez Gil

Vocación de mayoría

Vocación de mayoría

Las victorias electorales de Felipe González son fruto de la vocación de mayoría. Es verdad que entonces (1982-1996) imperaba el llamado bipartidismo imperfecto (más PCE/IU, CDS y nacionalismos periféricos) a pleno pulmón, que no son los tiempos actuales, tan inestables y arduos, mas igual de real es que la vocación de mayoría no cae del cielo sino que hay que trabajarla y buscarla. A las urnas se acude con propósito de enmienda previo. El expresidente del Gobierno se despachó a gusto, dijo las verdades del barquero, en un acto el pasado martes en el ateneo de Madrid; está disponible en YouTube, y (sin duda) merece la pena verlo.

A mi juicio, se puede estar completamente de acuerdo, muy de acuerdo o solo en parte con lo que dijo González, pero manifestó verdades como puños. O, para ser precisos, lo que subyacía en su alegato son los cimientos constitucionales del 78 y, al fin, la Transición.

En democracia no puedes imponer tus posiciones. Eso lleva al sectarismo. Solo lo puedes hacer si cosechas mayoría absoluta, que nadie la tiene hoy ni parece que la tendrá por un largo tiempo. El multipartidismo tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. No obstante, la democracia se conjuga con el respeto a las reglas y la pluralidad política. Sin eso, no es democracia.

La izquierda, como Vox por su lado, tiene que aclararse a sí misma: ¿asume o no el relato del 78? De no hacerlo, que digan claramente qué proponen como modelo de Estado. Tener un sistema político estabilizado vale oro. Las generaciones que nacimos en democracia lo hemos tenido y, me temo, no todos lo valoran como lo merecen. Especialmente, los que están por debajo de los 40 años.

Además, otra cosa que acontece que los extremos políticos ocultan y no dicen (a las claras) a la opinión pública: los tránsitos de un sistema político a otro no son siempre o no suelen ser pacíficos. Pero esto nadie lo dice. González alerta, y con razón, de lo que está dirimiéndose. Y algunos están jugando con fuego. Sin ir más lejos, el PSOE no puede despojarse de su vocación de mayoría y necesidad de cumplir con ser agente sistémico de la estabilidad o, de lo contrario, la arquitectura constitucional del 78, primero, renqueará y, segundo, atesorará riesgos de decaer. No es ninguna broma.

González logró que el PSOE fuese un partido con vocación de mayoría. Por supuesto, el ‘felipismo’ tuvo sus claroscuros, pero estabilizó la democracia. En cambio, el ‘sanchismo’ la está zarandeando si, ya del todo, entra en una espiral de tener el poder (y pactar) al precio que sea, a la vez que desdeña a su interlocutor bipartidista. Así, nada bueno sobrevendrá.