El accidente del tren, toda una fatalidad, ha provocado una tregua indefinida desde entonces entre PSOE y PP. No nos engañemos: esta tregua indefinida no lo es tal y acabará más temprano que tarde. Quizá, al ritmo que ya va todo, cuando lean esto ya se han lanzado los mísiles mutuos. Con todo, pensemos que no es así y que, de repente, impere la sensatez.
Y entonces ves que acuden a la trágica zona tanto Pedro Sánchez como Alberto Núñez Feijóo. Que a ambos les acompaña el presidente andaluz: Juanma Moreno. Que Moreno, que está a las puertas de las elecciones, no solo lo hace por lealtad institucional sino porque piensa que es su deber y, seguramente, su sentimiento y buena fe.
Igualmente, acuden los reyes. Y se interesan por la situación. Y por los heridos en el hospital. Y, claro está, nada de esto genera titulares en la jungla de las redes sociales, aprovechadas a diario por algunos (muchos, a decir verdad) que prefieren el odio y el sectarismo. Los monarcas hacen lo que les toca y, asimismo, creen en lo que hacen. Qué bienvenida es una tarea de auxilio social y respeto en medio de la catástrofe. Un árbitro institucional, en España con formato de monarquía parlamentaria, que cumple con su deber, consuela y envía un mensaje de unidad en medio del dolor.
Todo lo anterior era lo normal hasta hace no mucho, cuando España (y el resto del mundo) no estaba atravesada por esa espada acerada de la trifulca y la banalización. No es que fuera entonces una tregua indefinida, es que era lo normal; al margen, de tiranteces periódicas y entendibles entre las siglas diversas.
Al final, la vida impera. Y este accidente con todas las muertes que deja, silencia la necedad en la que nos han metido. Qué bendito silencio gozamos ahora, con la pena lógica de que sea fruto de lo que es. Los políticos ganan así ante la opinión pública, la sociedad otro tanto. Y los representantes deberían asumir que son elegidos para eso: para gobernar, para entenderse, para ceder, para acordar, para gestionar… No para montar una revolución, real o forzada, cada mañana con ánimo de incendiar la vida pública.
Esta tregua indefinida ojalá perdurara, por mucho que temamos que no sea así. Pero ganamos hasta calidad de vida cuando los políticos hacen lo que les toca y se espera de ellos. No hay más.










