Primera Plana

Columna de Rafael Álvarez Gil

¿Un no a Felipe?

¿Un no a Felipe?

La izquierda no es revolucionaria. Su electorado no lo es. Una cosa son los mítines y otra diferente la gestión del día a día, las cosas del comer. Desean orden. Lo que no es óbice para darle de cuando en cuando una amonestación al gobernante de turno, y Felipe González tuvo la suya con motivo del referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN. Lo sacó adelante, giro mediante, por los pelos. Un pellizco de monja. El mismo líder (carismático, te vendía una nevera en los Pirineos) que dijo aquello de que había que ser antes socialista que marxista (congreso del PSOE que renuncia al marxismo), luego dijo que mejor nos quedamos en la OTAN.

Canarias, País Vasco, Navarra y Cataluña no secundaron al ‘felipismo’. 40 años de aquello. Después González vino a decir que fue un error convocar el referéndum, pero como lo había prometido… En la década de los ochenta aún había ideologías y los partidos políticos eran partidos políticos de verdad: con su debates, con sus lecturas, con sus puñaladas internas (bueno, esto último persiste)…

Lo bueno del pluralismo político, es que (a fin de cuentas) prima la moderación. Siempre y cuando acompañe la economía. El bipartidismo requiere de clases medias. Solo a partir de la crisis financiera de 2008, y sus recortes, puede entenderse las olas que auparon al primer Podemos y, más recientemente, a Vox. Pero responden a estados de ánimo, y las emociones (en la vida como en la política) ya se saben que son pasajeras.

Un aleatorio no a Felipe hace 40 años, no quitó que siguiera en La Moncloa. El ‘felipismo’ era una conjunción de clases medias. El ‘felipismo’ es una categoría sociológica, más que política. Por eso a Pedro Sánchez le tiemblan las piernas cuando González lo retrata públicamente y suelta las verdades del barquero. El ‘sanchismo’ liquidó al PSOE nacido en la Transición. Y que vuelva ese PSOE está por ver. Dependerá de cómo será el final del ‘sanchismo’, mas la estructura interna (el aparato) no tiene nada que ver con el de González, Joaquín Almunia, José Luis Rodríguez Zapatero… Otra época. El ‘sanchismo’ fue audaz, y será camaleónico hasta su derrota política.

¿Quién gestionará el no en caso de vencer? Soltó Felipe, amo y señor del PSOE, en televisión a pocas horas de que acabara la campaña electoral del referéndum. Y el socialista cerró filas en las clases medias anidadas en los salones de los pisos de aquella España que olía a dinero fresco y afán europeo por equipararse a los grandes países. Y el frigorífico y el coche comprado a plazos impulsaron a la OTAN.