Primera Plana

Columna de Rafael Álvarez Gil

Un empresario para Telde

Un empresario para Telde

Falleció Juan Diego Falcón González, a la edad de 80 años, referente empresarial en la ciudad de los faycanes. En realidad, era más que un empresario, no solo al uso, o incluso por ser de los más destacados, sino por la clave cualitativa que en su itinerario personal y profesional se entremezcla la evolución del segundo municipio de Gran Canaria desde la segunda mitad del siglo XX hasta el presente.

Juan Diego fue un hombre hecho a sí mismo. Su niñez fue en la Canarias de la posguerra, donde el hambre y las estrecheces estaban a la orden del día; y en aquel San Juan de entonces, calle arriba y calle abajo, hacía las visitas y los mandados familiares.

A Juan Diego le agradezco que, como otras personas, me ofreciera el legado de recuerdos de mis bisabuelos, Ramón Artiles Batista, capitán de Artillería del Ejército de la República, y María Dolores Fleitas Calderín. Ellos te acompañaron tu primer día al cuartel en La Isleta y justo él medió favor para que el destino del servicio militar fuese lo más plácido posible. A fin de cuentas, vencedores y vencidos, eran todos militares y entre ellos ese honor quedaba.

Aquella familia, que también era tuya, retornada a Telde desde Cataluña en la década de los cuarenta del siglo pasado, arrastrando la derrota republicana del 39, el consejo de guerra y la represión, fue cobijo durante décadas en la calle León y Castillo. Mi abuela fue tu madrina. En aquel patio de la casa familiar donde las conversaciones se prolongaban hasta altas horas de la noche, unos y otros entraban y salían y se entablaba aprecio, debates y recuerdos en medio de aquella España demediada y fustigada por el rencor, la revancha y la miseria; solo superada ya del todo con la Transición.

Conociste los silencios de mi bisabuelo, la vida del represaliado, el exilio interior de una persona que, tras cruzar la frontera a Francia, decidió jugársela y volver a España, a pesar de lo que la dictadura franquista pudiese hacer con su vida.

A ti, Juan Diego, te gustaba igualmente la política. Te afianzaste en AP (precedente del PP) entrada la democracia. Cuando te tocó dar el salto y ser concejal en Telde en los ochenta, viste cómo José Macías taponó tus ilusiones. Pero no hay mal que por bien no venga, y entonces brotó el empresario.

Nadie te regaló nada. No te lo encontraste hecho. Fuiste antes reponedor de gasolina en la plaza de San Juan y luego taxista. Trabajaste sin tino. Y, con la expansión con Francisco Santiago, cuajó tu proyecto de la estación en El Cubillo.

Un empresario para Telde que, junto al concurso y esfuerzos de las trabajadoras y trabajadores, ha creado numerosos empleos que han sustentado a familias. Después vino la finca, tu última misión. Con qué orgullo me la mostrabas una y otra vez. Y qué ricas son las naranjas de Telde, ¿verdad, Juan Diego?

Desde estas líneas mi pésame a María, a tus hijas María Elena y Begoña, y demás familia. Fuiste un empresario para Telde. Eras una persona de orden. Te echaré de menos, Juan Diego.