Primera Plana

Columna de Rafael Álvarez Gil

Sesión de control

Sesión de control

Ayer hubo sesión de control al Gobierno, la última de la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero. Justo cuando a ella le tocaba responder a las preguntas de la oposición, Pedro Sánchez cogía los bártulos y se mandaba a mudar. No tuvo la deferencia de mantenerse en el escaño hasta que Montero, su candidata en Andalucía, ofreciera sus contestaciones y cerrase su ciclo parlamentario en Madrid. Las formas dicen mucho. Y aquí Sánchez falló. Un fallo doble en cuanto que, encima, horas antes la candidata tuvo la desafortunada declaración en rueda de prensa de presentarse como una mártir que deja mucho poder en Madrid para ‘rebajarse’ a ser cabeza de cartel del socialismo andaluz.

Montero pudo haber sido la sustituta de Sánchez. Pero este la quema mandándola al sur peninsular. Es evidente que Sánchez en ningún momento ha previsto el recambio a sí mismo. No lo contempla. Por otro lado, cómo va a ser sustituta una titular de la cartera de Hacienda que en esta legislatura no ha aprobado ni siquiera unos Presupuestos. No tiene un pase. Aunque, bien mirado, es el balance de tener un Ejecutivo que no cuenta con el respaldo parlamentario desde que Junts ha jugado a lo suyo; es decir, desde el primer instante.

Por lo demás, las sesiones de control al Gobierno siguen la tónica de siempre. Son interesantes en cuanto que despiertan pasiones. Llaman la atención. A mayor calidad del orador, por audaz que sea, por capacidad intelectual que disponga, se tropezará siempre con las cortapisas de la oposición. Dicho en plata, la oposición va a lo que va: desgastar al presidente de turno y a los ministros. Es su rol. Mas queda preguntarse dónde quedó aquello de que el parlamentarismo es también una forma refinada de mejorarse mutuamente.

La teoría clásica de que Gabinete y oposición se encuentran en la Cámara para intercambiar impresiones, valoraciones y poner cosas en común, se da de bruces con la realidad de que el Parlamento es una caja de resonancia mediática que teatraliza, aún más, la política. Esto es lo que hay y no va a cambiar; gobierne quien gobierne, esté en la oposición el partido que esté. Es igual.

Por último, el PP gana más si se desliga de Vox. Aunque no lo hace, o directamente no puede. Se perfila el pacto en Extremadura a las puertas precisamente de la campaña electoral en Andalucía. Si Juanma Moreno logra la mayoría absoluta, pelillos a la mar para Alberto Núñez Feijóo. Si no es así, y queda el PP en mayoría simple, muchos recordarán que la ganancia en Castilla y León de los populares la han vertido por el sumidero a la primera ocasión. Razón: pactar con Vox en Extremadura.