José Luis Ábalos está entre rejas. El primer diputado en activo que pasa por las rejas preventivas, a la espera del juicio en el momento procesal oportuno. Pero Ábalos no es un diputado más de provincias, un cunero del bipartidismo que está en una u otra circunscripción sin más, para rellenar huecos. No es el caso. Ábalos es ‘sanchismo’ de primera hora. Ábalos es defenestración del ‘felipismo’ de Ferraz cuando ya nadie daba un duro por Pedro Sánchez. Ábalos iba en el Peugeot 407. Por eso estas rejas preventivas duelen en el ‘sanchismo’, más las de Koldo García aunque este, en términos políticos, sea pieza de caza menor.
Ábalos fue ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana donde se mueven muchas perras. Y también secretario de Organización del PSOE; como Santos Cerdán, que sucedió precisamente a Ábalos. Eran la espina dorsal del ‘sanchismo’ en Ferraz. Hoy las tinieblas políticas se acrecientan, quedando Sánchez a la expectativa de esta senda procesal interminable en torno a Ábalos, Cerdán y Koldo García.
En lo que a la aritmética parlamentaria respecta, poco importa pues ya Junts se ha descolgado de La Moncloa. Nunca fue socio parlamentario, solo apoyo eventual en la sesión de investidura a cambio de la aprobación de la conocida ley de amnistía. Ahí quedó el trato. El resto había que fraccionarlo en plazos a pagar, nada cómodos, que adoptó su paroxismo cuando Yolanda Díaz trató de reducir legalmente la jornada de trabajo y, en cambio, Junts se lo tumbó quedando, como siempre, junto a la patronal. La patria siempre tiene intereses, da igual la bandera… El capitalismo es el capitalismo.
Con la desconexión anunciada de Carles Puigdemont, el escaño de Ábalos no pinta nada en la calculadora ficticia. En puridad, lo importante para el seno ‘monclovita’ es que hará Puigdemont que, desde el primer instante, ha tenido la sartén por el mango. Ahora bien, Sánchez puede proseguir gobernando con el pretexto de no convocar elecciones generales para que no entre Vox en el Gobierno central. Toca esperar a los comicios en Extremadura y demás plazas autonómicas que vislumbrarán el nivel de necesidad del PP hacia la extrema derecha.
En tiempos normales del bipartidismo, tocaría alternancia; en los actuales del desconcierto y el temor fundado a la regresión que la ultraderecha encarna, poco puede predecirse de cara a 2026. Demasiado en juego. Y Ábalos en prisión, en esas rejas provisionales, solo es una postal de un ocaso de legislatura cuya caducidad formal concreta desconocemos.










