Primera Plana

Columna de Rafael Álvarez Gil

‘Reconciliación’

‘Reconciliación’

Al principio, la llegada de ‘Reconciliación’ de Juan Carlos I a las librerías sonó a desafortunado e impropio de un monarca. Sin embargo, una vez leído ‘Reconciliación’ (Planeta) las conclusiones son otras; más complejas, no es un texto que se puede despachar sin más con la diatriba al uso de la confrontación que impera hoy en la política.

Vaya por delante que el propio rey emérito reconoce que los monarcas no hacen memorias ni autobiografías. Y debe ser así. No obstante, el caso es otro. Juan Carlos I está en Abu Dabi en una situación peculiar, fruto de sus deslices importantes, errores notorios, pero reluciendo una desproporcionalidad en el ‘castigo’ social que más temprano que tarde agravará el problema. Ya se sabe ese aforismo del Derecho que reza: “summum ius, summa iniuria” (a mayor justicia, mayor daño).

El libro de Juan Carlos I es un propósito de enmienda. En el texto, que se nota que ha sido bien trabajado y calculado por quien lo redactó, reconoce que se ha equivocado. Y aprovecha para poner en valor su legado: el proceso democratizador en España a la muerte del dictador Francisco Franco, la Transición. Es verdad que fue obra en una parte considerable de la presión social y el movimiento obrero, pero no lo es menos que el rey (aunque por necesidad de proseguir en el poder, era impensable un monarca absolutista entonces) lo facilitó, de la mano de Adolfo Suárez y restantes élites políticas.

Pedro Sánchez debería permitir el regreso a España de Juan Carlos I, y cuanto antes. Entre otras cosas, porque si no lo hace el socialista, lo hará Alberto Núñez Feijóo desde que gobierne. Así y todo, Sánchez dudo que lo haga; centrado en otros menesteres producto de la urgencia, pierde la perspectiva sistémica del problema.

Si la izquierda deja que Juan Carlos I muera en el ‘exilio’, creará un mártir y ahondará en las contradicciones del relato legitimador que afianza la Transición. Eso para algunos no será problema, pero para otros sí lo será: tanto para el PSOE como para Sumar (heredera del PCE, actor imprescindible en la Transición).

Queda el lector descolocado en ‘Reconciliación’ cuando hace referencia el rey a actitudes de su nuera, hijo y demás familia. No son muchas las referencias, solo un puñado, mas suena a desahogo emocional. Por lo demás, tildar con desdén ‘Reconciliación’ como libro irrelevante, supone un error. Conviene leerlo. Ojalá sobresalgan la generosidad y las luces largas a tenor del regreso de Juan Carlos I; es una necesidad sistémica.