Primera Plana

Columna de Rafael Álvarez Gil

Pos2008

Pos2008

La gran paradoja pos2008 es que el neoliberalismo nos ha arrebatado la utopía. Incluso, para el conservadurismo pues este, a diferencia del resto de ideologías, tiene su horizonte utópico en el pasado, no en el futuro. De hecho, la democraciacristiana portaba la práctica de la mala conciencia que le hacía paliar los efectos de la desigualdad apostando, junto a la socialdemocracia, por el Estado del Bienestar.

Un mundo de ayer hecho añicos por el escenario pos2008 que, justo previamente, tuvo una prórroga neoliberal con el capitalismo de la financiarización (crédito fácil, dinero barato y burbuja inmobiliaria) que hacía pensar que todavía podían pervivir las clases medias. Una falsa creencia que trataba de estirar el gran ciclo neoliberal ungido entre 1979 y 2008.

Es decir, a la etapa iniciada con la crisis del petróleo de 1973 (que pone en entredicho las recetas keynesianas y el pacto entre capital y trabajo tras la Segunda Guerra Mundial) y la caída del Muro de Berlín, se le añade una prórroga (aparente) untada en la liturgia de las tarjetas de crédito y los pagos a plazos hasta 2008.

Una ficción por la que las clases medias entre 1979 y 2008 aún se creen que son clases medias (y no lo son) y que sus hijos lo seguirán siendo. Una ficción, impensable en el pos2008, que dejó estampas cotidianas en las que la clase trabajadora europea (en su ánimo globalizador) se iba de crucero (y se endeudaba) y abonaba como socios a las ONG para ayudar al Tercer Mundo. Una mentira de principio a fin que fue eficaz políticamente pero que resquebrajó a una generación o varias con la crisis financiera como bisagra temporal.

Los treinta gloriosos (1945-1973) de las clases medias (de verdad) opera aún como inercia intergeneracional en el que se reflejan los descendientes. Estos últimos (generaciones pos2008) no disponen de la conciencia política precisa para interiorizar cómo han perdido semejante horizonte de expectativas, amén de la herencia recibida o que está por recibir, mas el principio de realidad se impone.

Así y todo, la precariedad e inestabilidad laboral rampante es mitigada por el impulsivo consumo saciador de los vacíos internos, el culto al cuerpo como entretenimiento, los antidepresivos y demás señuelos que frenan la conciencia de clase y diezman a las víctimas del gran capital en su nuevo rostro adquirido, ya sin complejos en el pos2008.

En el ciclo pos2008 no opera el relato del mérito y sacrificio, mito santificado de las generaciones anteriores que bebieron directa o indirectamente de los treinta años gloriosos (1945-1973) de las clases medias europeas. El ascensor social está roto.

Si no hay posibles dentro del marco del Estado nación, difícilmente nos concernirá un mundo con todas sus injusticias lacerantes y globalizadoras de la pena, explotación y migración. En cambio, las contradicciones se superponen pues, en última instancia, la desigualdad globalizada es también un eco de la crisis del capitalismo.

El posfascismo, a diferencia del fascismo del periodo de entreguerras europeo, no necesita del afán de implementar dictaduras al uso, tan solo le basta la democracia depauperada, la democracia pos2008 convertida en una mera carcasa sin contenido ni sustancia.