Primera Plana

Columna de Rafael Álvarez Gil

Porno en la alcoba

Porno en la alcoba

Los divorcios siempre son un hecho consumado. Lo material precede a lo formal. El consumo de porno en las parejas y el matrimonio (por el hombre) es el divorcio material que declara rota la relación. Si el sexo se desvía de ambos, es porque algo falla; aunque ese algo sea el instinto primario (y egoísta) del donjuanismo del hombre. Ya se sabe: una muesca más en el revolver. Mas lo de la pornografía consumida ya es de traca y, sin embargo, está normalizado y va a más.

Así las cosas, pongamos por caso, un miembro de la pareja está en la cola del supermercado mientras el otro, al tiempo, está consumiendo porno en la alcoba, en el salón o en la oficina. Vivir así es ciencia ficción. Mejor dicho, supera a la ciencia ficción. Es la ficción de una pareja que, en realidad, no lo es; y cada vez hay más ficciones de pareja porque el porno en la alcoba impera.

Para las generaciones analógicas, al margen de las revistas, ese porno en la alcoba sociológico, se ceñía a los viernes por la noche en Canal+ (codificado para los no abonados) y ese espacio apartado dentro del videoclub donde las cintas pornográficas se agrupaban tras una cortina de separación para evitar la entrada de menores.

Eso era en los noventa. La misma década que, a la vez, en Antena 3 o Telecinco, se veía a azafatas con minifalda para que el presentador, un macho hispano como Dios manda, comentase los resultados de fútbol de la jornada el domingo por la tarde.

Por el contrario, revolución digital mediante, el porno en la alcoba irá a más porque la pornografía está por doquier en las redes sociales. Lo está camuflada, es ‘paraporno’, o con un acceso sutil para que los lascivos piquen el vídeo o enlace que le acompaña.

El porno en la alcoba, y todo lo que le rodea, que es una ciencia ficción que se hace en cambio muy real, es la cosificación de la mujer. Y traslada una visión del sexo (consumado, a pagar) que luego (y como es natural) es irrealizable. Ese porno en la alcoba eleva el listón de los adolescentes y jóvenes a los que se les alzan expectativas que nada tiene que ver con las relaciones iniciáticas, con la pareja y con la vida. Y, para rematar, tenemos el paroxismo sobrevenido de la cantidad de parejas que ahora mismo, uno está en la cola del súper y el otro consumiendo porno. Una distopía. Una mentira. Y un fracaso.