Primera Plana

Columna de Rafael Álvarez Gil

Límites sistémicos

Límites sistémicos

El populismo es creciente y los límites sistémicos los pone en jaque. La austeridad pos2008 y las tensiones territoriales han zarandeado a España. Primero, vino el 15M que conllevó las mareas ciudadanas y la capitalización de la misma por parte de Podemos. Segundo, el ‘procés’ que agitó el debate territorial hasta límites sistémicos (territoriales) insospechados.  Tercero, Vox brota con fuerza como reacción al ‘procés’ y tiene su primer eco electoral en Andalucía en 2018. La ultraderecha crece, presiona al PP y a saber hasta dónde llega el nivel reaccionario en los próximos años.

La situación que viviremos en 2026 traerá explicación, en gran medida, de haber traspasado límites sistémicos desde hace una década más o menos. El bipartidismo decae, el bipartidismo trata de resistir pero no lo puede hacer solo anclado en el PP. Sin el PSOE, la arquitectura constitucional del 78 no se puede mantener. Por eso los dirigentes del ‘felipismo’ se organizan para derrocar al ‘sanchismo’.

Alfredo Pérez Rubalcaba advirtió del peligro de traspasar los límites sistémicos. Es decir, la Gran Recesión de 2008 no es culpa del PSOE ni del PP (por mucho que José Luis Rodríguez Zapatero tardara en reconocer la magnitud de la crisis) pero los pactos posteriores sí son responsabilidad de socialistas y populares.

En 2003, con el ‘aznarismo’ hinchado de poder, Zapatero prometió en el mitin final de la campaña electoral de Pasquall Maragall, que apoyaría el nuevo Estatuto de Autonomía que bendijera el Parlamento catalán. ¿Hasta dónde se puede llegar en la descentralización territorial? Una cuestión es la plurinacionalidad, que España lo es, y otra la anarquía o el sometimiento al chantaje.

Rubalcaba denunció los males que supondría romper los límites sistémicos. A su juicio, el PSOE cruzó numerosos términos. El PP haría lo propio si va de la mano de Vox. Esto último no se vería ahora pero sí sus consecuencias a la vuelta de pocos años, de gobernar PP y Vox en 2027 (o antes). Cuando se resquebrajan límites sistémicos, todos pierden.

La sombra de la Guerra Civil permanece, con mayor o menor intensidad, pero permanece. La llamada a la reconciliación del PCE en 1956, desde el exilio, es devorada sin embargo en el presente amén de los populismos y la pérdida del relato. Mariano Rajoy fue un conservador, predecible por tanto, y Susana Díaz la última expresión del ‘felipismo’. Ambos pertenecen al mismo universo del que comulgaba Rubalcaba. Mientras tanto, Juan Carlos I en Abu Dabi: camino de convertirse en un mártir si fallece fuera de España; lo que el ‘sanchismo’ no observa atrincherado en La Moncloa, sujeto a otras cuitas de la urgencia inmediata.

En 1939 se calcula que más de 400.000 republicanos (incluido militares, mujeres y niños) cruzan la frontera a Francia, azotados por el hambre, el frío, la incertidumbre y el miedo. Una huella que debería ser imborrable en esta España del chalaneo contumaz. Sus rostros apelan al valor de la democracia, a la decencia. Y merecen un respeto.