Primera Plana

Columna de Rafael Álvarez Gil

La sensatez

La sensatez

A colación de las elecciones en Extremadura, la sensatez en la resaca la ha puesto Juan Carlos Rodríguez Ibarra que, enseguida, ha propuesto a la dirección regional socialista, reunida a puerta cerrada, que se abstenga para favorecer la sesión de investidura de María Guardiola y, en definitiva, impedir el paso de la ultraderecha al poder. Una acción inescindible de un partido sistémico y con vocación socialdemócrata/socialista/laborista. El PSOE tiene que evitar, por todos los medios democráticos necesarios, que Vox entre en el Ejecutivo extremeño; entre otras cosas, porque implicaría una tendencia restante para los inmediatos comicios autonómicos que se aguardan en Aragón, Castilla y León y Andalucía.

La Gran Recesión de 2008 ha dejado un reguero de populismos de toda laya que amenaza la estabilidad brindada por la Transición que ungió el sistema del 78. No asistimos a una batalla política al uso entre partidos con ideologías distintas que intentan vencer para gobernar sino, muy al contrario, unas opciones a diferencia de otras quieren, y cueste lo que cueste, demoler la democracia del 78 y su bipartidismo dinástico y sistémico acompasado por formaciones nacionalistas periféricas (catalanas, vascas, gallegas y canarias). A lo que habría que añadir, también, las terceras siglas de carácter estatal (por ejemplo, PCE/IU) que, eso sí, fruto del sistema electoral, apiñan un número de escaños menor comparado con el PSOE y el PP.

Ibarra, que representa las esencias del mejor PSOE de siempre, ha sido valiente y luce la sensatez. No se arredra ante el ‘sanchismo’ que hace una década mal contada finiquitó el socialismo y su arquitectura organizativa nacida en el congreso de Suresnes.

Cuando Pedro Sánchez, deliberadamente, diferenció entre ‘nuevo’ y ‘viejo’ PSOE para, primero, hacerse con el mando del partido en Ferraz y, segundo, llegar a La Moncloa forzando todo tipo de pactos parlamentarios, estaba minando los cimientos del bipartidismo: sus reglas escritas o no, su respeto mutuo, sus formalidades, su sociología, su memoria desde la Transición… Y si el PSOE no lo remedia cuanto antes, si es que todavía puede, que está por ver, los daños al sistema del 78 serán muy considerables.

La sensatez debe imperar en un partido socialdemócrata que ha gobernado periodos importantes: 1982-1996, 2004-2011 y 2018-hasta la fecha. No esperen oposición interna, apenas la habrá, al margen de los líderes y cuadros del ‘felipismo’ y de José Luis Rodríguez Zapatero, porque el PSOE mudó por completo a son del proceso de primarias que enfrentó a Sánchez, Susana Díaz y Patxi López. Esa sucesión interna (por democrática que fuese) fue disruptiva, diferente a las anteriores, en cuanto que eliminó sobre la marcha los mecanismos y contrapesos dentro del PSOE. Los cesarismos acaban mal; queda por ver si el PSOE (y la sensatez) se salva.