No hay lados correctos de la Historia. Lo pretendidamente categórico esconde peligros. Y si los hay, son pocos. Un puñado de certezas solo resta cuando alcanzas la madurez. Que es el caso ya de Javier Cercas. La madurez de Cercas tuvo que ser anticipada.
Leí en un agosto de la primera juventud ‘Soldados de Salamina’ (Tusquets, 2001): en los últimos compases de la Guerra Civil, con el Ejército en Cataluña replegándose hacia Francia, un republicano le salva la vida a un mandamás falangista (Rafael Sánchez Mazas) al mirarle a los ojos, tras este huir de un fusilamiento colectivo, y decidir al instante en el encuentro en el bosque reportar a sus correligionarios que no había nadie. Pero podría haber sido al revés: un nacional a un republicano. La condición humana, por fortuna, está por encima de las ideologías, y de los sectarismos.
La madurez de Cercas ha empujado que se desclasificara los papeles del 23F. Pedro Sánchez le hizo caso en aras de la transparencia. Y enseguida Alberto Núñez Feijóo, al comprobarse que los documentos venían a decir lo que sabíamos, que Juan Carlos I detuvo el golpe de Estado, alzó la necesidad de que el monarca retorne a España.
En un tiempo en el que desde diferentes focos se deslegitima la Transición y sus actores (Juan Carlos I, Adolfo Suárez, Felipe González, Santiago Carillo, Manuel Fraga, Marcelino Camacho…), la madurez de Javier Cercas irrumpe justo cuando más se requiere reseñar la valía de tener un sistema constitucional estabilizado. La Constitución de 1978, la reconciliación entre las dos Españas, el respeto al Estado de Derecho y las garantías al pluralismo político como a la diversidad territorial, vale oro. Son de esas cosas que solo lamentas no disponer cuando las has perdido del todo, y es demasiado tarde. La Historia de España está repleta de esas lagunas y llantos en los dos últimos siglos.
La madurez de Cercas, como escritor, como agitador intelectual, es más que su novela ‘Anatomía de un instante’ (Mondadori, 2009); de por sí, grandiosa. ‘El País’ le da cancha a este autor, recuperando la premisa de que la prensa tiene que cumplir con su papel en democracia: editorializar y avivar el debate. De hecho, pronto tendremos una nueva obra de Cercas en las librerías con motivo del 50 aniversario de la salida a la calle del diario ‘El País’. Estoy deseando leerla.
Su última facturación es de una belleza enorme: ‘El loco de Dios en el fin del mundo’ (Random House, 2025), sobre el papa Francisco, el Vaticano y las preguntas esenciales que nos hacemos en la vida acerca de nosotros mismos y las personas que amamos. Apunten también ‘El monarca de las sombras’ (Random House, 2017), sobre la Guerra Civil e igualmente me enganchó.
Recomiendo vivamente leer todos los títulos aquí señalados. La Semana Santa puede dar para mucho. En fin, qué oportuno está siendo la madurez de Cercas. Qué necesario en este ciclo en el que ansían dinamitar nuestra democracia.










